segundo año de la vuelta al mundo
¡Otra vez Malasia! ahora en el este: Borneo I

¡Otra vez Malasia! ahora en el este: Borneo I

segundo año de la vuelta al mundo

Ya conté el disgusto que llevaba por la multa que tuve que pagar para abandonar Indonesia, algo que de momento me ha hecho cambiar mis planes de volver al país y visitar de nuevo a mis amigos, incluído frustrar mi proyecto de continuar camino por tierra hacia Australia. Todavía hay opciones, pero veremos como se desarrollan los acontecimientos.

El viaje a Malasia. Entrando por Tawau

El trayecto en el barco fue más o menos rápido y en un par de horas llegaba a la frontera malaya. El barco iba cargado hasta más allá del máximo y tuve que viajar de pie. Ese caos, que en otros lugares más adelante no he visto, como en Brunéi, hizo que pudiese contemplar el curso del mar en el estrecho entre ambos países y pude ver y fotografiar las numerosas islas que llenan la bahía: agua, manglares y selva casi virgen.

Esta frontera es muy concurrida por indonesios y malayos que cruzan a diario con un permiso especial para hacer negocios y buscarse la vida. Ha habido problemas entre las fronteras y en una ocasión millares de indonesios fueron expulsados de Malasia hacia Nunucan, isla que por otro lado también habían intentado invadir en el pasado, aunque no lo consiguieron enfrentándose a una feroz resistencia. Este episodio entre ambos países es recordado especialmente en Indonesia, en Nunukan que yo sepa, con un monumento en el centro de la ciudad y un cementerio donde están enterrados muchos de los combatientes.

El la frontera malaya

Ya en Tawau, tuve que esperar más de 2 horas a poder sellar el pasaporte y entrar en el país. Había cientos de personas para acceder y solo cuatro oficiales para atender los pasaportes. Nada más llegar al embarcadero, un oficial me hizo una breve entrevista en la que me pidió mostrarle mi pasaporte y el libro de vacunas para saber si llegaba desde África o Sudamérica, comprobó que no y me dio la bienvenida, yo volví a la cola a esperar. Durante la espera además de poder charlar con algún pasajero más, otro personaje de la aduana entabló conversación conmigo y posteriormente me invitó a dos aguas minerales que le había pedido que me comprase, y que pude compartir con alguno de los pasajeros. El calor y la humedad eran asfixiantes y había que hidratarse, aunque allí era buscarte la vida, como hice yo, ya que hasta que no traspasas la frontera, no hay maquinas expendedoras. Después de la espera en el exterior pude cruzar una puerta metálica y aquí el avance fue más rápido, pero bastante pesado, haciendo el oficial pasar a otras personas, de otra dependencia, por delante del grupo que habíamos llegado en el mismo barco.

Entrar en Malasia es sencillo para un europeo y solo revisan tu pasaporte, te lo sellan y tienes 90 días para disfrutar del país, sin ningún tipo de visado. Cuando terminé con los trámites burocráticos tuve que buscar el modo de llegar al autobús para viajar hasta Kota Kinabalu y decidí ir andando aún cargado con las mochilas y el sol de mediodía cayendo con todo su peso sobre la cabeza. Ande durante una media hora, pregunté antes por un banco a unos taxistas y me tuve que desviar un poco del recorrido, pero enseguida me lo encontré y pude cambiar las rupias que me habían sobrado, además de sacar algo más de dinero para el viaje. La tarjeta temblaba, entre la multa de la frontera y los gastos que llevaba acumulados por los viajes en buses y barcos, así que tocaba controlar muy bien los siguientes desembolsos a realizar.