Chile puerta a América
La Vuelta al Mundo Sin Prisas

Chile: puerta de entrada en América. Comienza la segunda parte del viaje

Chile: puerta de entrada a América. Después de casi cuatro años viajando por Europa, Asia y Oceanía -primera parte del viaje-, llegó la hora de comenzar la segunda y seguir dando la vuelta al mundo. América un continente con países más cercanos culturalmente y con un lenguaje común en su mayoría, me recibió.

Chile: puerta de entrada en América. Comienza la segunda parte del viaje

Chile: puerta de entrada a América. Después de casi cuatro años viajando por Europa, Asia y Oceanía -primera parte del viaje-, llegó la hora de comenzar la segunda y seguir dando la vuelta al mundo. América un continente con países más cercanos culturalmente y con un lenguaje común en su mayoría, me recibió.
Chile puerta a América

Chile: puerta de entrada en América. Comienza la segunda parte del viaje

Terminaba la primera etapa del viaje y fue tras un año y medio añadido a los planes iniciales. En ese tiempo extra pude conocer países que nunca hubiese imaginado; islas del Pacífico que me hicieron cumplir un sueño que parecía inalcanzable. Agradecido a Horst, el dueño y capitán del velero que me lo permitió.

También visité países asiáticos que había dejado para la tercera parte del viaje: Taiwán, Japón y Corea del Sur, pero que por las circunstancias del viaje se pusieron fáciles para llegar y adelanté mi visita.

Dos países recientes, Japón y Corea del Sur, de los que todavía me queda contar mis historias sobre el viaje en el blog y que haré en breves. Pero antes quería ponerme al día y relatar mi llegada a América y el comienzo de la segunda parte en Chile. Aunque en este momento esté ya en Argentina.

En este y los siguientes artículos, hablaré de estas experiencias, reencuentros con viejos amigos con los que he seguido en contacto y otros que por pura casualidad se han vuelto a cruzar en mi camino. Pero también de nuevas personas, amigos ya, que son parte del viaje.

La paciencia, esa gran compañera de viaje

Poco a poco esta virtud se arraiga más en mi y la practico e instruyo. En este caso la paciencia me ayudó a sobrellevar un vuelo que dividido en dos partes duró más de 30 horas y que completó más de 20.000 Km.

El viaje sin prisas debía de ser en un principio por tierra o mar, con la intención de saborear y disfrutar cada kilómetro o milla; aprendiendo, viendo, conociendo, pero también dejé una puerta abierta a recorrer algunas partes en avión, como sucedió para cruzar entre Corea del Sur y Chile.

Si bien este no había sido el único vuelo, y posiblemente no sea el último, no tenía más remedio. Las fechas en que debía de hacerlo, invierno, y sobre todo la cuestión de navegación marítima me obligaban. También he aprendido a fluir para no llevar la contraria al viaje y sus propuestas.

Según pude saber cuando busqué hacer el viaje entre Nueva Zelanda o Fiyi a Chile en velero, los barcos, aunque excepcionalmente pueden hacerlo, es habitual en el Pacífico Sur que crucen de Este a Oeste y no al revés. Y una cosa lleva a la otra y el viaje me puso en pleno invierno Coreano. Así que el vuelo por el que finalmente opté, fue la mejor y más oportuna elección.

Además, buscando y rebuscando ese vuelo, entre otros, estaba la posibilidad de hacer una escala en Madrid de cinco horas, que para mi modo de ver las cosas, le añadía un componente romántico. Casi cuatro años después de partir de Zaragoza, terminaba la primera parte “Buscando las antípodas y más allá” en el país que me vio nacer y desde allí, comenzaría la segunda “Descubriendo América”.

Y aquí estoy descubriendo nuevos países y personas, pero en mi caso, sin repartir tiros o ruina, sino energía positiva y amistad. Descubriendo en paz, un continente cercano y querido: América.

Chile me abre las puertas de América

Llegaba a Chile el 24 de enero, eran las nueve de la mañana y aterrizábamos a la hora prevista, aunque salimos de Madrid con un ligero retraso que el capitán de la aeronave recuperó en vuelo.

Mi cuerpo estaba ya dolorido y entumecido, notaba como los miembros se dilataban con la altura, apretándome la cintura y las piernas a los pantalones. Además las pocas horas que había podido dormir entre Seúl y Madrid, me pesaban en el cansancio.

Aún así, estaba animado. Los vuelos intercontinentales tienen la característica que los asistentes de vuelo de las compañías estén más receptivos a cumplir los deseos de los pasajeros y comer o beber no encarezcan el viaje. Por supuesto llegar a un país desconocido, ayudaba a reducir lo negativo y ampliar lo positivo de un viaje de 14 horas.

La mochila salió por la cinta transportadora, que siempre es una preocupación que no lo haga, y después de cargarla a mi espalda, tocaba cruzar el control del departamento de aduanas y agricultura, controladores de los productos alimenticios que puedas transportar y entrar de otros países. En la hoja que entregan en el avión había declarado que llevaba algunas cosas, aunque tras pasar las mochilas por el escáner me dieron autorización a seguir camino y ni siquiera revisaron mi equipaje.

Ya estaba en la terminal, en el bullicioso aeropuerto internacional Comodoro Arturo Merino Benítez. Ahora tenía que buscar el medio de transporte más económico a la ciudad. Por supuesto, los taxistas haciendo su trabajo, no dejaron de insistir en un viaje barato, pero seguro que siempre con un precio mayor al autobús. Haciendo a un taxista mi momentáneo aliado, encontré rápidamente la parada apenas unos metros más allá de donde me había fumado mi primer cigarrillo en Chile.

El autobús me dejó en el centro de la ciudad y desde ahí utilizando el metro, me movería hasta la zona de Bellavista, donde Dominic, un viejo amigo español-inglés-irlandés, vive desde hace varios años y yo tenía un lugar para pasar mis primeros días en América, en Santiago de Chile.

El reencuentro con los viejos amigos

Yo sabía que esta parte del viaje sería, cuando menos, más sencilla. En muchos países americanos tengo amigos y algunos ya me habían invitado a pasar por sus casas al llegar.

También las redes sociales han facilitado las cosas, aún a costa de sacrificar la privacidad, son un invento que a un viajero de largo recorrido como yo, ayudan a mantener el contacto con viejos y nuevos amigos o incluso ampliar tu red de amistades virtuales, que con el tiempo se convierten en reales.

En Santiago Dominic me esperaba y gracias a las redes sociales, cuando se enteró que la ciudad donde vive sería mi primer destino, me invitó a pasar unos días en su casa.

Ya al llegar otro viejo amigo, del cual no tenía ni idea que vivía en la capital chilena, se comunicó a través de Facebook, donde yo había escrito un pequeño texto de bienvenida al país acompañado de fotos, para invitarme a una pequeña fiesta con otros amigos y además, a su casa si no tenía donde estar.

Marcos, y yo nos conocíamos de aquellos tiempos cuando ambos vivíamos en Madrid y él venía a mi casa con Alberto, amigo común y que fue quien me recogió en el aeropuerto de Barajas para llevarme al breve encuentro con amigos que quisieron o pudieron venir a saludarme, a las fiestas que yo organizaba.

El siguiente reencuentro sin embargo fue esperado. Con Alejandro Sanfuentes seguía en contacto desde que el se fue de España, país que lo acogió durante unos años, y volvió a su país natal Chile, pasando por Argentina por motivos laborales. Con Alejandro la reunión fue corta, ya que únicamente pudimos comer y charlar un rato. El vive fuera de Santiago y no tenía tiempo, además su trabajo lo obligaba a esa corta reunión que nos puso algo al día de nuestras vidas.

Dominic Gibson mi primer anfitrión en América

El mismo día que Dominic me invitó a pasar esos primeros días en América en su casa, también me avisó de que no era alguien que le gustase compartir su espacio, vamos que no le gustaba mucho tener invitados, pero que sin embargo hacía una excepción conmigo, ya que, al margen de ser viejos amigos, seguía mi viaje y algo así se merecía un cambio en su proceder.

Agradecí el gesto, aunque me puso en alerta para buscar algo a los pocos días, o bien cruzar a Argentina si no encontraba nada. De esa manera aceptaba su invitación pero no invadiría mucho su espacio.

Cuando llegué él no estaba, me había dejado una llave con el portero –en Chile todavía se utilizan personas para esta labor- y con instrucciones de que tuviese cuidado con el perro. Realmente me gustan las mascotas, me llevo bien con ellas, así que lo tome como una broma, más que como una advertencia.

Al abrir la puerta Comino me recibió con un laaargo ladrido que no paró hasta que se cansó de verme pulular por la casa y con cierto desinterés en él. Los tres gatos que Dominic tiene me recibieron de distinta manera cada uno de ellos: Gaspar, el más cariñoso enseguida se acercó a mí tratando de llamarme la atención, y se la presté. Eso me llevó a los típicos juegos con sus mordiscos incluidos. Los otros dos Baltasar y Sara, fueron más escurridizos y aunque se mostraron curiosos no se acercaron mucho a mi.

Tome la ducha que tanto necesitaba y esperé que Dominic llegase mientras me tumbaba en el sofá y seguía jugando con Gaspar. Para Comino ya era uno más de la casa y hasta Dominic se sorprendió de que nada más conocerme se sentase a mi lado con toda confianza.

Los días en casa de Dominic continuaron en armonía. Yo me dedicaba a hacer comida para ambos, las compras para llenar la nevera con dinero compartido, y a limpiar la casa como una forma de colaborar y agradecer su ayuda. Dominic también lo agradeció, ya que liado como está con su trabajo, le deja poco tiempo para las labores caseras y mi mano le venía bien. Quizás por esto me dijo que podía estar el tiempo que quisiese o necesitase y mis primeros 13 días en Santiago, allí los pasé. Y quizás vuelva.

Dominic se acababa de separar, pero con Mariana tiene buena relación y de hecho siguen siendo socios. Hasta hace unos meses era un restaurante español llamado Doma, que según me contaron ambos, fue el motivo de la separación y ahora, con un parque de pisos para alquilar vía Airbnb que no les va nada mal.

Dominic por su cuenta, además, tiene un negocio de excursiones para conocer la parte de Chile cercana a Santiago. Ciudades y lugares que tienen demanda, pero también oferta y competencia, aunque por el momento, según me dice, la cosa va viento en popa.

Entonces yo le plantee montar una web para Andanzas Andinas -nombre de la empresa de excursiones-, que Dominic tenía pensado hacer pero no había puesto en marcha todavía. La idea le gustó y después de ver mis trabajos anteriores comenzamos con ello. Todavía está en construcción, así que no la puedo enseñar completa, pero en un futuro próximo se podrá ver. Espero que sirva para ayudar en el desarrollo y crecimiento del negocio.

Las fiestas y reuniones de amigos con Marcos

Marcos me invitó a la fiesta en la que preparaban una barbacoa y unas tortillas de patatas. Era un buen modo de recibirme sabiendo de mi reto por el mundo de hacer ese plato tan sencillo pero rico de nuestra gastronomía. Me presentó a todos los amigos que allí estaban y todos quisieron saber de mi viaje. Conocí a personas algunas las cuales me volvería a encontrar más adelante en una comida que organizamos.

En esta ocasión la cita fue a mediodía y pude demostrar mis dotes culinarias a todos los invitados. Un par de tortillas de mi cosecha, con calabacín, y un par de paellas: una de pollo y otra vegetariana, para poder ofrecer a Soledad y Carol, dos amigas de Marcos que había conocido en la primera fiesta y eran vegetarianas.

Fue una velada agradable. Baños en la piscina y comida, bebida y sobre todo muy buen rollo con todos los invitados. Dominic también se acercó, algo que me alegró ya que según me había contado, llevaba tiempo sin juntarse con gente y pasar un tiempo relajado y divertido.

La fiesta terminó a medianoche con una cena improvisada y con muchos menos invitados a última hora. Yo me quedé dormido y donde lo hice no fue el mejor lugar, ya que en un piso 24 y con la fresca noche que hacía, la fuerte brisa me hizo pescar un resfriado que al día siguiente, lunes, noté con toda su fuerza. Afortunadamente un remedio medicinal hizo que el martes me hubiese recuperado y los dolores articulares y musculares desaparecieran.

Con Marcos volvió a haber una tercera cita para disfrutar de las vistas de la zona de Las Condes, zona noble de la ciudad de Santiago, desde la torre y de las piscinas que tienen los vecinos. De nuevo comida y bebida, para despedirme en este caso ya que yo estaba preparando mi viaje a Argentina para la semana siguiente.

Un cumpleaños con Soledad

Soledad y su familia celebraba el cumpleaños de Patricia, la mujer de su padre, en una finca a las afueras de Santiago de Chile y me invitó a acompañarla. Fuimos con su hermano y la novia de este que yo había podido conocer en la comida en casa de Marcos.

Allí de nuevo una parrillada y el choripán que tanto me gustó. Ensaladas y platos que habían preparado algunos familiares completaron el ágape. Mi tortilla de patatas no faltó. Baños en la piscina y después de comer, una buena siesta a la sombra de uno de los árboles frutales. Antes de despedirnos para volver a Santiago y llegar todavía con luz, disfrutamos de un buen baño y de la tarta de cumpleaños.

Paseando por Santiago de Chile

A Dominic le sorprendía la tranquilidad con la que me tomaba mi primera visita a Santiago de Chile. Normalmente los turistas llegan y quieren salir y no parar de ver lugares y pasear por las calles de las ciudades que visitan. En mi caso había dos motivos por lo que me lo tome con tanta tranquilidad.

El primero era que tenía tiempo para hacerlo, viajo sin prisas. El segundo, que sabía que tendría que volver después de mi paso por Argentina, donde iba a ir a primeros de febrero. Además no me considero turista ni quizás tenga los mismos intereses que quien viaja como tal.

Aún así, un día me di un buen paseo por el centro. Paseando desde el barrio de Bellavista me acerqué hasta el Palacio de la Moneda, además del lugar donde vive el presidente de la nación, es un lugar histórico sobre todo desde aquel 11 de septiembre de 1973 donde murió asesinado el presidente electo Salvador Allende en un golpe de estado fascista.

Un golpe de estado organizado por el ejército chileno más reaccionario y la ayuda inestimable del vicepresidente norteamericano Henry Kissinger que provocó miles de muertos y desaparecidos y una dictadura salvaje, como bien es sabido.

Durante el paseo pude mirar y admirar los viejos edificios coloniales, la Catedral Metropolitana de Santiago en la Plaza de Armas y el Centro Cultural Palacio de La Moneda donde había una exposición sobre El Mito de Roma con parte de la colección de los Museos Vaticanos. La exposición era gratis en las salas Pacífico y Andes. De extra pude ver una exposición de fotografías del fotógrafo chileno Luis Poirot, en una pequeña sala contigua llamada El Túnel.

La primera visita a Chile llega a su fin

Ese fin de semana se celebraba el gran premio de FormulaE -bolidos propulsados por energía eléctrica- en Santiago de Chile, con la suerte de que el trazado del circuito urbano pasaba por casa de Dominic. Bueno, para mi una suerte, para los vecinos no tanta, ya que el montaje obligaba a cortar calles, cerrar parques colindantes y hacer incomoda la vida diaria en esa parte de la ciudad.

Pude ver los entrenamientos del sábado por la mañana desde las terrazas del edificio donde vive Dominic y aunque por la tarde era la carrera y podría haberla disfrutado gratis, decidí trabajar y dejarlo para una mejor ocasión. Era el acontecimiento social del mes y algunos amigos me ofrecieron conseguir invitaciones, aunque finalmente por la demanda y estar tan cerca de la celebración no fue posible.

Dominic me ofreció llevarme el hasta la misma frontera con Argentina en Los Andes. Yo había decidido cruzar por el paso Internacional Los Libertadores, que en la parte Argentina se denomina Cristo Redentor y a Dominic le venía bien para conocer una parte que no había visto todavía y en el futuro ofrecer excursiones a esa parte del país.

Pasaron muchas cosas, imprevistos que surgieron llegando a la frontera -y que son la esencia de este viaje- que pude subsanar sin dificultades y donde conocí a unos españoles que fueron mi salvación.

Pero esto será el argumento de mi siguiente artículo dedicado al cruce por tierra de la primera frontera en América camino Argentina.

Hasta entonces y como siempre…

¡Pura Vida!

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