Albania
Y ¿Por qué no? Vamos también a Albania ¡esa gran desconocida!
Viajar a Albania estaba fuera de los planes iniciales, pero que finalmente se unió al recorrido de La Vuelta al Mundo Sin Prisas. Y no estuvo nada mal.

Y ¿Por qué no? Vamos también a Albania ¡esa gran desconocida!

Viajar a Albania estaba fuera de los planes iniciales, pero que finalmente se unió al recorrido de La Vuelta al Mundo Sin Prisas. Y no estuvo nada mal.
Albania

Y ¿Por qué no? Vamos también a Albania ¡esa gran desconocida!

¿Dónde queda Albania en el mapa?. En el mapa lo sabía, pero para mi era interesante conocer más de su cultura y sus gentes. Así que después de conocer Montenegro, un país que tampoco entraba en mis previsiones al principio del viaje, seguí por los mismos derroteros y decidí romper de nuevo mis planes yendo a Albania.

Básicamente porque me pillaba de camino pero también porque era un país que siempre me había intrigado. En España sabíamos que había estado cerrado a cal y canto y que su apertura al mundo exterior, se había realizado hacía poco más de diez años.

El viaje

Llegar era algo complicado. Tenía que hacer varios transbordos de autobuses entre Kotor, la capital montenegrina, y la capital albanesa, Tirana. Cuatro en total. Dos de ellos en Montenegro y otros dos ya en Albania. Con el primer autobús llegué de Kotor a Budva y de aquí directo a Ulcinj, donde el siguiente autobús cruzaría la frontera y llegaría hasta Shkodër. Allí con un minibús lleno y que su conductor llevaba por donde le salía en gana, llegaría a mi destino final: Tirana.

Tirana ya estoy aquí

Ya en Tirana ¿cómo encontrar mi hostel y no pagar un mucho por ello?. Podía ir andando, como ya he hecho muchas otras veces, pero con el calor que hacía y sin conocer nada de la ciudad o el idioma, se me antojaba difícil y agotador.

Pregunté a una pareja que viajaban en el mismo minibús y afortunadamente hablaban inglés. Me indicaron que lo mejor era coger un taxi y negociaron por mi el precio. Debía de pagar 50 leks, que al cambio suponían 3€. Me subí al taxi y llegué hasta el hostel Albania, que recomiendo si vais a Tirana, buena gente e instalaciones cómodas y agradables.

Yo llevaba 3€ sueltos en el bolsillo, pero no leks ya que no me había dado tiempo sacar del banco, así que el taxista quiso aprovechar la coyuntura para sacarme algo más de dinero. Su propuesta era que le diese 5€ en billete, ya que en moneda no le interesaba, y el me devolvía en Leks, lo que me suponía para mi pagar algo más del precio pactado. Así que le dije que no llevaba más dinero y le pedí que me acompañase al hostel y allí le pagarían los 50 leks acordados.

En el hostel

Afortunadamente Ared que me abrió la puerta y estaba encargado de la recepción me hizo el favor, le pagó y todo quedó arreglado.

Cuando llegué era por la tarde, así que con el cansancio acumulado decidí quedarme, descansar y no salir a visitar la ciudad hasta el día siguiente. Solo me acerqué al supermercado para poder hacer despensa y cocinar algo. Esta vez sí, la cocina estaba bien preparada, o casi.

Me ofrecí como es habitual a hacer mi tortilla de patatas, algo que fue muy bien recibido y propuse hacerla a la mañana siguiente. Durante la noche anterior pude conocer a varios viajeros como yo. Entre ellos Agnes y Anna Grasberger, hermanas austriacas que compartieron mi tortilla. Victor un joven británico de origen chino muy simpático y Besnik, un kosovar con el que pude visitar Tirana al día siguiente.

Esa noche se celebraba la final del Mundial de Fútbol y excepto yo, que iba con Argentina, todos los demás huéspedes y staff del hostel iban con Alemania. Australianos, alemanes, austriacos, húngaros…. todos con Alemania. Así que entre todos yo era la oveja negra de la familia.

Cuando finalmente en los penaltis ganó Alemania hubo una sonrisa generalizada y miradas de «lo sentimos por ti Fernando«. No quiero imaginar si llega a ganar Argentina, los caretos que se les hubiesen quedado. De todas formas, como les dije, no me alimento del fútbol, así que…

La tortilla de patatas en Albania

Por la mañana, ya situado y relajado, me puse manos a la obra e hice la tortilla prometida de almuerzo. Para poder freír los ingredientes tuve que improvisar un fuego en la parrilla con carbón y cartón. Me llevó mi tiempo, pero el sabor de la tortilla quedó especial. A la vieja usanza.

Compartimos la tortilla Mariann y Ared del staff del hostel, las hermanas Agnes y Anna y un francés con el que también hice buenas migas y del que por desgracia, he olvidado el nombre. Como había hecho tortilla de sobra, quedó para que otros la probaran.