Irán la llegada al país
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Irán la llegada al país: 1ª parte. Despido mi periplo en Turquía en Erzurum

Irán, la llegada al país. Primera parte de mis vivencias en un país que nos han inculcado es peligroso, pero quiero comprobar por mi mismo si es así. Han sido varias semanas recorriendo Turquía y esto ha acabado con mis fondos para el viaje. Por delante incertidumbre, pero sin miedo.

Irán la llegada al país: 1ª parte. Despido mi periplo en Turquía en Erzurum

Irán, la llegada al país. Primera parte de mis vivencias en un país que nos han inculcado es peligroso, pero quiero comprobar por mi mismo si es así. Han sido varias semanas recorriendo Turquía y esto ha acabado con mis fondos para el viaje. Por delante incertidumbre, pero sin miedo.
Irán la llegada al país

Irán la llegada al país: 1ª parte. Despido mi periplo en Turquía en Erzurum

Después de pasar una noche más de lo previsto en Erzurum y cambiar de hotel, a uno un poco más barato para ahorrar algo de dinero, compartí la habitación con Perman, el turcomano que había conocido en el consulado iraní.

Compramos un billete de autobús con la intención de viajar juntos a Irán, pero por la noche después de cambiar mis planes para compartir viaje, decidió que no iba a viajar. Se quedaba en Turquía e intentaría trabajar allí, ya que un amigo se lo había propuesto. Realmente no sé cuando, ya que no nos separamos en toda la tarde.

Me sonó todo muy raro, ya que además por la noche, se había negado a compartir unos bocadillos que costaron al cambio 5€ con lo cual 2,5€ por cabeza. Adujo su falta de dinero pero sin embargo por la mañana, en la agencia de viajes donde habíamos comprado los tickets, cuando quiso devolverlo y se lo negaron, me dijo que le daba igual perder el dinero porque era poco. Contradicciones que me cuesta comprender, pero sin la mayor importancia.

Viajando a la frontera iraní

El haber comprado ese billete me obligó a posteriormente buscarme la vida en Agri para llegar a Dogubeyazit, en total 30 TL que hubiesen sido 26TL si hubiese seguido mis planes iniciales. Poco dinero para un europeo, pero para mi que ya voy muy justo de presupuesto fue un fastidio.

Además viajé en un minibus, por lo que la comodidad se redujo al mismo tamaño que el transporte, una tortura. Cierto que mirar y fotografiar los paisajes me ayudaron a superarla.

Cuando llegué a Dogubeyazit, me tocaba conseguir el transporte hasta la misma frontera. Pregunté a la gente que andaba por la estación y me indicaron una familia que estaba esperando para ir al mismo sitio. Les pregunté si hablaban inglés y Hasan con un inglés justo me dijo que esperase con ellos que llegaríamos juntos.

Efectivamente llegamos hasta la frontera y al control de pasaportes, pero me costó 7TL más. Ahí se me acabaron las liras turcas, por lo que esperaba no tener que volver a pagar nada. Afortunadamente así fue. Por cierto, las mujeres de la familia que en la estación de autobús no llevaban cubierto el pelo, nada más llegar a la frontera debieron de hacerlo. En Irán es obligatorio.

En la frontera turco-iraní

En el control de pasaportes turco, mis acompañantes iraníes cruzaron la frontera sin problemas, sin embargo yo tuve que esperar un rato. Incluso pasando por la oficina de la policía, que no se explicaba como me habían puesto, al llegar a la frontera búlgaro-turca, su sello en un papel impreso, que era el recibo pagado del visado turco y no lo habían hecho en el pasaporte.

Me costó convencerles que al ser mi primera vez en su país, no sabía como funcionaba la cosa y que en todo caso reclamasen en la frontera búlgara a su compañero, que fue quien me puso el sello. En la oficina lo entendieron, pero en el control de pasaportes, de nuevo, el mismo policía siguió insistiendo en que no, que no era posible irme sin los sellos bien puestos. Finalmente una llamada más a sus compañeros de las oficinas le convencieron de que debía dejarme pasar.

El policía a su vez me quiso convencer de que el problema no lo tenía con él y la policía turca, sino que lo tendría con la iraní, que no iba a permitirme cruzar su frontera sin esos sellos en su sitio. Al retenerme en la frontera más de una hora, perdí el contacto con la familia de Hasan y con ello la posibilidad de viajar juntos a Tabriz, como habíamos hablado.

Cuando llegué al control de pasaportes iraní, todo fue como la seda. El policía del control comprobó que mi pasaporte y el visado coincidan en los datos, que era mi cara la de la foto y tras sellar mi pasaporte, me dio la bienvenida a su país y seguí adelante.

Taxistas y cambiadores al acecho del extranjero

Cuando salí del edificio, se lanzaron a mi los cambiadores de moneda y los taxistas; les dije que quería ir a Tabriz, pero en autobús. Al parecer para ello, tenía que antes llegar a la primera ciudad de la frontera y tenía que usar un taxi.

Un cambiador seguía insistiendo en cambiarme. Me ofrecía a cambio de 1$, 35.000 riales, que me pareció poco ya que había podido comprobar el cambio días antes y si bien no era el doble, era un tercio más por lo menos.

Discutiendo con ellos, forzándome casi a meter la mochila en el maletero del taxi y yo resistiéndome, se acerco Maedeh, una chica iraní que hablaba perfectamente inglés. Me pregunto si necesitaba ayuda. Le contesté que sí, entre otras cosas porque creía que el cambio que me ofrecían era poco. Me dijo que desistiese de mi discusión y me fuese con ella y su familia, ellos me ayudarían. Habíamos coincidido en la furgoneta hasta la frontera y si bien no habíamos hablado todavía, nos reconocíamos. Yo había intercambiado unas risas con los niños de la familia.

Ellos por su parte estaban esperando su transporte hasta Bazargan, la ciudad a la que tenía que llegar yo, para recoger su coche que estaba en un parking. Durante la espera el cambista enojado les dio una fuerte bronca, que toda la familia al completo salió a defender, las mujeres tienen un carácter que para que os voy a contar y le hicieron callar enseguida. Al parecer la intromisión de Maedeh le había fastidiado un buen negocio conmigo. Lo que no sabía el tipo en cuestión es que no iba a acceder a sus pretensiones y se hubiese quedado igual.

Bazargan: la ciudad de la frontera iraní

Cuando por fin llegamos a Bazargan, de nuevo los cambiadores se acercaron a mi como avispas y mis nuevos amigos, la familia al completo, salió en mi defensa otra vez.

Me dijeron que les siguiese hasta el parking y que fuésemos a comer. Así lo hice. Me llevaron a comer y además me invitaron. También me ayudaron con una oficina de cambio para poder tener riales, la moneda iraní, a un cambio que me sonaba mejor. Fueron 44.000 riales por dólar. Cambié 50$ y conseguí con ello 2.070.000 riales.

Arroz, pollo, carne de cordero, verduras y postre, ese fue el menú. Tras el ágape nos hicimos las fotos de rigor para el recuerdo. Yo creía que iba a haber problema en fotografiar a las mujeres, pero sin embargo, no pusieron ninguna pega y posaron para mi junto a toda la familia.

Durante la comida un señor que estaba allí, habló con la familia y me lo presentaron. Al parecer iba a Tabriz y me quería llevar. Lo saludé y tras chapurrear un poco de inglés me paso su teléfono con una llamada. Una chica estaba al otro lado, me dijo que era su hija. En un perfecto inglés insistió que fuese con su padre, ellos me ayudarían en Tabriz, su ciudad.

El buscavidas me la pega

Me despedí de la familia y me monté en el coche de este señor. No iba solo, otro hombre con cara de pocos amigos lo acompañaba. Eso debió de mosquearme, pero no le di importancia. Arrancamos y cuando yo creía que íbamos hacia Tabriz me dejó al lado de la valla fronteriza, en la parada de taxis, y se piró. Discutir y reclamar su promesa no era muy conveniente así que me bajé del coche y recogí mis mochilas maldiciéndolo. De nuevo volvía a estar en el foco de los cambistas anteriores y los taxistas, pero esta vez solo. El buscavidas me la había pegado.

No tenía más remedio que llegar a un acuerdo con alguno de los taxistas. Pacté con gestos y unas pocas palabras en inglés 30 dólares por el viaje -que me estaban haciendo polvo el presupuesto-. Y de repente apareció de nuevo el de los cambios para liarla. Soltó que eran 40 dólares, que el taxista no sabía inglés y se había equivocado.

Esto ya me tocó los huevos del todo y apuntándole con el dedo en la cara le dije que dejase de meterse donde no le llamaban. Qué tres, con los dedos, significaba lo mismo hasta en la luna y su intromisión me iba a costar un dinero que por supuesto no iba a pagar. Mi pacto habían sido 30 dólares y punto. El taxista me dio la razón, afortunadamente.

Ahí se acabo la discusión, la cosa se relajó y nos fumamos el cigarro de la paz rodeados de más iraníes curiosos. Algunos por saber quien era ese extranjero con mal humor y sombrero vaquero y otros sobre el que se liaba los cigarrillos, que al parecer aquí no los conocían. Tuve que liar alguno más para satisfacer su curiosidad.

Diré que a la hora que esto ocurría ya no tenía autobuses para llegar a Tabriz. El último había salido durante la comida. Así que era o dormir en un hotel, o alquilar un coche o ir en taxi. Todas las opciones con un precio similar 25 ó 30 dólares, así que elegí la última y avancé en Irán.

Viajando en taxi hasta Tabriz

La familia que salió en mi ayuda eran de Teheran y supongo que los volveré a ver, ya que tengo su contacto y me invitaron a localizarlos a mi llegada. Querían enseñarme la ciudad y se ofrecieron a ayudarme en lo que necesitase. Afortunadamente en este tiempo en Tabriz otras personas se ofrecieron a ayudarme también en Teherán. Así que espero que entre unos y otros pueda conseguir salir adelante y no tener problemas.

Por desgracia Sohrab un viejo amigo iraní de Zaragoza me dijo que era mala época para visitarlo y echarme una mano, ya que sus padres están mayores y no puede dejarlos solos. Toda mi comprensión con él y deseándole lo mejor a su familia.

La noche que llegué con el taxi a Tabriz, decidí que no iría a un hotel para ahorrar. El coste del transporte, había roto mi presupuesto. Le pregunté al taxista por si había algún camping en la ciudad, me dijo que justo en la estación había uno. Nada más lejos de la realidad. Resultó que el camping eran los jardines de la propia estación. Todos sus colegas taxistas me apoyaron y me prometieron que no tendría problemas ni con la gente, ni con la policía. Me fié y dormí al raso utilizando por fin el saco y la esterilla, que no la tienda, todavía sin estrenar.

Amaneciendo en Tabriz

La noche fue tranquila, dormí bastante bien para hacerlo en el lugar que lo hice y me desperté a las 6.30am sintiéndome descansado. Un pequeño aseo y a la búsqueda del autobús de línea para ir al centro y controlar un hotel. Necesitaba descansar en una cama la noche que tenía previsto quedarme en la ciudad.

El autobús al centro fue realmente barato, solo 2.000 Rials, que suponen unos 0,04 € y me encantó ya que pude ver alguna de las costumbres del país. Por ejemplo, las mujeres viajan en la parte de atrás del autobús y no se mezclan con los hombres, aunque sean marido y mujer. Después del trayecto, esas mujeres se acercan por fuera a la parte delantera y si no han pagado el trayecto con tarjeta de transportes lo hacen entonces con dinero en efectivo. No digo que me guste, pero es lo que vi.

Andando por la calle mientras buscaba un hotel, un señor que en el autobús me fue recomendando algunos lugares que fotografiar, me estaba esperando a la puerta de un guesshouse. Me lo recomendó diciéndome que era de lo mejor que encontraría a buen precio. Antes de entrar y preguntar me escribió en un papel los números en persa del 1 al 10 que me vendrían muy bien y me dejó su tarjeta. Sobre su recomendación no se había equivocado. Fueron 250.000 riales más 40.000 riales por la ducha, al cambio 6,60€ aproximadamente.

La habitación muy sencilla y estaba limpia, pero la ducha…. la ducha era infecta -deberían de llamarle agujero con tubería-. Pero la necesitaba, así que con mis chancletas me duche, y realmente me sentó bien. Tras la ducha relajante y un breve descanso,  me preparé y salí a conocer Tabriz.

Conociendo un poco Tabriz

Entre otras cosas fui a la búsqueda de un cibercafé para intentar trabajar algo. Ya que eran casi dos días sin poder acceder a internet. Lo conseguí, pero poco pude hacer. Las conexiones en Irán son muy deficitarias y por ejemplo Facebook, está prohibido. En cuanto al blog, desde un ordenador que no era el mío, me limité a revisar un par de cosas y esperar a tener conexión propia para comenzar a cargar los artículos que había podido escribir en este tiempo sin internet. Coste realmente irrisorio por la hora que estuve conectado: 13.000 riales, unos 0,30 €.

Tras ello la visita a Tabriz continuó y pude conocer a Reza, una persona realmente auténtica y que me ayudo a partir del momento que nos saludamos. Pero esta historia la contaré en el próximo artículo dedicado a Irán, 2ª parte. La gente de Tabriz aparece en mi vida.

Hasta entonces, como siempre…

¡Pura vida!

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