Tabriz y la hospitalidad iraní
La Vuelta al Mundo Sin Prisas

Tabriz y la hospitalidad iraní. Ayudando a quitarme prejuicios. Irán 2ª parte.

Tabriz la primera ciudad que conocí en Irán. Un repaso a las visitas a museos y mezquitas de la ciudad iraní en la región de Azerbayan y nuevos amigos en el viaje. La hospitalidad iraní me ayuda a quitarme los prejuicios formados sobre este pueblo ancestral.

Tabriz y la hospitalidad iraní. Ayudando a quitarme prejuicios. Irán 2ª parte.

Tabriz la primera ciudad que conocí en Irán. Un repaso a las visitas a museos y mezquitas de la ciudad iraní en la región de Azerbayan y nuevos amigos en el viaje. La hospitalidad iraní me ayuda a quitarme los prejuicios formados sobre este pueblo ancestral.
Tabriz y la hospitalidad iraní

Tabriz y la hospitalidad iraní. Ayudando a quitarme prejuicios. Irán 2ª parte.

Después de la ducha reparadora en el guesshouse de Tabriz, salí a descubrir la ciudad. Cuando venía en el autobús de línea desde la terminal me fijé en algunos edificios que me llamaron la atención, o que el señor que iba detrás de mi, viendo mi afición por la fotografía de la ciudad, me indicó. Uno de eso edificios fue la Mezquita de Tabriz todavía con sus minaretes en obras y puede que una de las más grandes e importantes de la ciudad.

La realidad de internet en Irán

Pero antes de esa visita turística por Tabriz, busqué un cibercafé para intentar comprobar algunas cosas en el blog y entrar en Facebook, aunque con esto último me di de bruces con la prohibición. Aquí las redes sociales no son permitidas (no todas) y tienes que ingeniártelas para poder acceder, aunque no era el momento ya que no utilizaba mi Mac, cosa que también limitó mi trabajo en el blog. Al cabo de casi una hora había terminado, pagué con un descuento que me hicieron para mi sorpresa, 10.000 riales, al cambio unos 0,22€ (eran 13.000 riales el precio) y recuperé mi pasaporte que había tenido que entregar a la entrada.

A partir de aquí decidí que comenzaría mi visita y paseo por la ciudad. Me dedicaría a conocer Tabriz, sobre todo el centro que es donde tenía el guesshouse y si me perdía no tenía problemas en encontrar de nuevo la dirección.

Reza. Mi primer amigo en Tabriz

Cuando entré en el recinto de la mezquita, previa solicitud de permiso al policía de la garita, aunque no era necesario, fui primero a ver el Ark Alishah. Mientras andaba con mi móvil haciendo fotos, un muchacho se me acercó a pedirme fuego para su cigarrillo y me preguntó mi procedencia “español” le dije y con la excusa del cigarro comenzamos a hablar.

Reza, que era su nombre, me dijo que hablaba mal inglés, aunque finalmente hablando con él descubrí que lo hacía mejor que yo. Durante la conversación y viendo mi interés por el monumento comenzó a explicarme toda su historia. Reza al ser estudiante de ingeniería civil, y quizás por su propio interés, conocía bien todo lo referente a su ciudad y monumentos. Fue realmente una lección de historia contada en poco más de media hora.

Durante ese tiempo nos dimos cuenta que fluía la conversación y que teníamos buen feeling entre nosotros, así que después de toda la explicación histórica decidió acompañarme a visitar el resto de sitios de interés del centro. En principio me lo había indicado en el mapa para que lo hiciese por mi cuenta.

Visitando museos y mezquitas en Tabriz

Era jueves y Reza tenía que estudiar, el sábado (lunes en la semana laboral para los iraníes) tenía un examen importante y debía prepararlo, pero retrasó todo y nos fuimos a ver el histórico Bazar de Tabriz y recorrer sus laberintos de calles. La Mezquita Azul -que a la hora que fuimos era de pago y el vigilante nos recomendó volver a partir de las 14h que era gratuito- situada en un pequeño parque y con la estatua de Ferdowsi, el poeta persa más reconocido, en la entrada.

El Museo Azerbaiyano -donde si que pagué, ya que como extranjero era obligatorio- es para los locales de la ciudad gratis y para el resto de iraníes aproximadamente un 10% de mi cantidad. Cosas de este país que castiga así al turismo. Muchos iraníes no se lo explican, porque es una manera de ingresar más, pero también de perder visitas. En este museo conocí a Elvira una empleada curiosa y abierta, como me comentó Reza y con la que incluso me pude hacer unas fotos para mi alegría.

Durante el paseo también visitamos el museo de la edad de bronce, un tesoro que fue descubierto durante la construcción de un edificio, cuyas obras pararon, para continuar las excavaciones y transformarlo en el museo, gratuito y realmente increíble. El lugar era un cementerio de la edad de bronce, una auténtica reliquia que se encargan de conservar, para conocer un poco mejor la historia más antigua de la ciudad y de la humanidad.

Moviéndome en Tabriz

Con Reza también pude descubrir como se mueven los iraníes en sus ciudades, aparte de utilizar los autobuses o el metro (donde existe), los taxis son compartidos y también algunos vehículos particulares, que sus dueños aprovechan para sacar un dinero y mejorar su economía. Las motos también sirven como taxi, más rápido, pero más intrépido, yo decidí no usarlas.

Había podido leer acerca de la manera de conducir de los iraníes y también de como cruzar sus calles, pero cuando lo comencé a vivir en mis carnes… Realmente es arriesgado cruzar y si esperas que ellos paren, respetando semáforos o pasos de cebra, nunca conseguirás atravesar las calles.

Así que cuando veía que algún local se arriesgaba, me ponía a su lado y avanzaba a su paso. Fue la mejor estrategia hasta que con Reza, comencé a conocer un poco mejor el truco. Era alucinante verlo torear a los coches. Realmente utilizando el símil de los toros, era todo un matador de vehículos en la calle.

Cuando terminamos de comer en un restaurante típico iraní: sopa, arroz, mantequilla, tomates a la brasa y unos kebabs, sí, unos kebabs de pollo, que comí tras varios meses de cumplir a raja tabla mi alimentación vegetariana, nos despedimos hasta más tarde. Reza se fue a la universidad a estudiar y yo al hotel, a escribir un rato y descansar.

Sobre las 19h me desperté, después de una siesta reparadora tras dos días con el descanso algo alterado. Había quedado con Reza en llamarlo a esta hora y nos vimos un poco más tarde para ir a conocer el El-Gölü y estar con sus amigos.

El parque El-Gölü

Cuando llegamos al parque El-Gölü con un “taxi”, nos estaba esperando Reza -otro-, uno de sus mejores amigos. Subimos a la parte alta del parque y allí nos encontramos con un grupo de chavales jóvenes que se solían reunir para tocar música con sus guitarras y charlar.

Se fue uniendo otros amigos que se atrevieron con canciones flamencas y mexicanas dedicadas al español viajero, cantando en un regular español, pero ya solo el esfuerzo por conocer y aprenderlas merecía la pena escucharlo y aplaudirlo. Incluso habían transcrito las letras para así no equivocarse. Les ayude a corregir algunas cosas pero el 90% estaba resuelto muy bien. Allí se unió otro de los buenos amigos de Reza, Hojjat.

Esta escena me recordó a la España de la dictadura, que conozco sobre todo por documentales, ya que me pillo muy niño, donde comenzaban a despertar las conciencias con ganas de cambiar el futuro de un país y lo expresaban a través de su música y sus canciones.

Camping libre en la ciudad

Después de la sesión musical bajamos de nuevo recorriendo parte del parque, pude ver familias enteras acampadas y disfrutando de la noche fresquíta de Tabriz. Otros cenando entre amigos y sin ningún problema, con el beneplácito de las autoridades, que por ahora no lo han prohibido. Creo que es algo muy arraigado en la sociedad iraní y será difícil que cambie, por lo menos en mucho tiempo, afortunadamente.

Bajando por esta parte del parque, nos encontramos con una actuación de unos cómicos, al parecer se trataba de un festival y mucha gente estaba disfrutando de los chistes, que intuí divertidos por las risas generales del público.

Posteriormente me paré a hacer unas fotos de un pequeño monolito que explica la historia del parque. Allí se montó un pequeño revuelo a mi alrededor de gente que quería conocer a este viajero y poder practicar su inglés. Con algunos me pasé el contacto y quedamos para otra ocasión.

De verdad os digo, que además de la amistad de mis nuevos amigos, los iraníes está deseando conocer a gente extranjera y saludarlos. En algunos momentos del paseo, cuando parábamos se nos unían decenas de personas, sin exagerar, y aunque fuese un simple “hello!” o “how are you!” y darme la mano, todos querían participar del saludo. Conmovedor para alguien que llegó con los prejuicios adquiridos por la propaganda occidental hacia este país, errónea e interesada.

Probando y fumando la arguila iraní

La cena fue en una pizzería como cualquiera de las que encontramos en nuestras ciudades occidentales y para rematar la noche, antes de retirarnos, pasamos por una tienda de artículos de fumador y en un café cercano nos fumamos una arguila.

En el café fuimos recibidos con un té y un pastelíto iraní delicioso y con expectación por los que ya se encontraban allí. Gente efusiva y que pedía si sinceramente me había gustado el país que hiciese buena publicidad. Desde luego mis palabras en este escrito ahora mismo me salen del alma y no puede más que decir que Irán se merece que empecemos a reconsiderar nuestra opinión hacia él y nos quitemos los prejuicios para decirnos a visitarlo.

Los iraníes no defraudan y no me cansaré de decirlo. Hablo de sus gentes, la política tiene otro tratamiento en mi opinión. Tras fumar la arguila, con un taxi llegamos hasta la zona donde Reza y sus amigos viven y yo continué hasta mi hotel, al día siguiente me esperaba trabajo con el blog y quería descansar.

El viernes era mi último día en la ciudad, día festivo para los iraníes, y las mezquitas se llenan de gente que va a rezar. Ese día decidí entrar en la Mezquita de Tabriz que estaba cerca de mi hotel. Lo primero que hice fue preguntar si podía entrar, efectivamente ningún problema. No solo esto, también me ayudaron a guardar mis botas en unas bolsas y así pisar tranquilamente las alfombras que cubren el suelo en su totalidad.

Conociendo la hospitalidad iraní

Incluso Yousof, el vigilante de la mezquita, casi me ofrece hacer un tour, aunque ya era tarde y tenían que cerrar. En todo momento se mostró amable e interesado en mi bienestar en el recinto. En la salida estaba medio ejercito que llenaban autobuses o llegaban hasta allí en sus ruidosas motocicletas y todo terrenos. Todo el mundo me miraba, entre extrañado y curioso por verme allí con mi sombrero negro, que desentonaba totalmente con sus vestimentas. Pero quiero insistir en su respeto y amabilidad.

Después de comer buscaba un bar para tomar un té y en el que pregunté tenían que hacerlo. Se les había terminado y me pidieron diez minutos para la preparación. Me senté en la calle a esperar y abrí mi teléfono buscando una conexión wi-fi libre, no la encontré.

Sin embargo la tienda que estaba al lado si que tenía, probé varias veces a ver si su combinación era fácil, y no, estaba bien protegida. Entonces, decidí preguntar si me prestaban la línea y efectivamente lo hicieron. No solo eso, me invitaron a dos tés: Reza, Tohid y Nasser los tres hermanos que la dirigen también me pidieron hacerse fotos conmigo y charlar, en la medida de lo posible, sobre España e Irán.

La inquietud general entre los iraníes: “¿cómo hablan de Irán en tu país?” -yo- “mal, por supuesto” -ellos- “¿y tú que opinas ahora que nos conoces un poco?” -yo- “qué sois una gente increíble y que solo tengo buenas palabras hacia vuestro país y vosotros” “¡Gracias por vuestra ayuda!” -ellos- “¡Vuelve cuando quieras, te esperamos!”

La despedida de Tabriz

Esa fue la despedida antes de volver al hotel y conocer a Mohsen, un señor de Mashhad que hablaba inglés y estaba de vacaciones en Tabriz. Cuando llegó Reza a encontrarse conmigo nos juntamos los tres a charlar y Mohsen me invitó a que cuando estuviese en su ciudad, le llamase para ayudarme en lo que necesitase.

Reza me acompaño hasta la estación y otra increíble sorpresa, me compró el billete de autobús a Teherán y me lo regaló, como presente por nuestra amistad. Me dejó impresionado y sin palabras. Esperó a que saliese mi autobús a las 23h y nos despedimos hasta la próxima, que espero sea algún día no muy lejano, en cualquier lugar, porque realmente se ha convertido en un amigo al que agradezco y del que aprecio todos sus detalles durante mi estancia en su ciudad.

El falso couchsurfer iraní

Por cierto. De mi supuesto anfitrión contactado a través de Couchsurfing desde Turquía tiempo atrás y que se comprometió a un montón de cosas conmigo, fue un espejismo. Intenté de nuevo contactar con él al cruzar la frontera y me resulto difícil, aunque conseguí hablar. Solo para decirme que tenía un hotel para mi esa noche del que nunca supe. Por ello, además de ahorrar como ya conté en el anterior artículo, decidí dormir en la terminal de autobuses.

Realmente el contraste con algunas personas es increíble, bien que, pensándolo con perspectiva, creo que fue mejor, ya que sino quizás todo lo que he contando no lo hubiese vivido y no creo que lo hubiese superado con esta persona. Así que le agradezco su mala educación.

El último día recibí un mensaje suyo contándome supuestos problemas, que preferí ni valorar. Para muchos iraníes que conocieron esta historia fue un disgusto. Incomprensible debido a su naturaleza hospitalaria y más con los visitantes extranjeros.

Este es el relato de Tabriz, mi primera ciudad iraní que me recibió con los brazos abiertos y que está dentro de mi corazón de por vida. Seguiré contando mis historias y aventuras persas, pero como siempre será en un próximo artículo, muy pronto. Mi viaje a Teherán y mi experiencia en esta multicultural ciudad, capital de Irán.

Hasta entonces, como siempre…

¡Pura Vida!

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