Taiwán: El corazón de Asia
Taiwán: El corazón de Asia. Un país cautivador y donde comer es un arte.
Taiwán: el corazón de Asia. El primer capítulo en el blog que relata la primera semana que viví ayudando como voluntario en un hostel y conociendo Taipei.

Taiwán: El corazón de Asia. Un país cautivador y donde comer es un arte.

Taiwán: el corazón de Asia. El primer capítulo en el blog que relata la primera semana que viví ayudando como voluntario en un hostel y conociendo Taipei.
Taiwán: El corazón de Asia

Taiwán: El corazón de Asia. Un país cautivador y donde comer es un arte.

Taiwán: El corazón de Asia. Así reza el eslogan del país para venderse al turismo, pero antes de contaros la primera semana en el corazón de Asia, aclararé que todavía me queda mucho por escribir de mi paso por las islas del Pacífico, entre julio de 2016 y marzo de 2017. Los que leéis el blog sabéis de las dificultades que he tenido para conectar con internet en esos países; además de que un accidente me ha dejado momentáneamente sin todos mis archivos, entre los que se encuentran los escritos que preparé y las fotos del periplo oceánico.

Por ello, he decidido no retrasar más las cosas y voy a dar un pequeño salto hasta Taiwán y, poco a poco, desde Filipinas -donde estaré viviendo los próximos meses y dado que tendré tiempo y posiblemente habré recuperado todo mi trabajo- seguiré contándoos las vivencias en el velero, navegando Entre dos Tierras.

¿Voy a Taiwán? He ahí la cuestión

Fue en Pohnpei, uno de los cuatro estados de la Micronesia, donde decidí, allá por enero de 2017, que cruzaría a lo que también se conoce como la República de China o Taiwán. Filipinas es un país muy cercano y los vuelos que pude ver resultaban muy baratos; además, tenemos visado por tres meses sin ningún coste ni preguntas. Filipinas era el último destino del velero y por ello me facilitaba el viaje. Por otra parte, desde Taiwán a USA, comienzo de la segunda etapa del viaje, los vuelos también resultaban baratos, por lo que cada vez la idea me seducía más.

Junto al precio de los vuelos, otros aspectos me animaban a venir aquí. Por un lado, tenía una amiga que hice estudiando chino por internet antes de comenzar el viaje, Rocío; otras amigas que había conocido en países asiáticos viajando; y por último, la cultura china siempre me había llamado especialmente la atención. Y Taiwán es China, ya que durante siglos muchos chinos se desplazaron desde el continente hasta aquí. Sin embargo, la mayor oleada llegó después de IIª Guerra Mundial, cuando los nacionalistas de Chian Kai-Shek, huyendo de los comunistas de Mao Zedong después de haber perdido la guerra civil, eligieron la isla como el nuevo suelo donde vivir, y los japoneses, que ocupaban por aquel entonces Formosa (como también es conocida la isla) la abandonaron al resultar vencidos en la guerra mundial. Esto resumiendo mucho la historia.

Con la decisión tomada de venir a Taiwán y convertirlo en el 42º país visitado durante el viaje, enseguida me puse en contacto con Rocío para informarle de mi llegada y ella, por su lado, me confirmó que estaría en Taipei, ciudad donde vive y donde yo llegaría con mi vuelo.

En Taiwán, el corazón de Asia

A Taipei llegué el día 31 de marzo desde Cebú, la isla Filipina donde está atracado el velero de mi periplo oceánico y que tiene vuelos directos con la capital taiwanesa. Tuve que hacer noche en el duro suelo del aeropuerto filipino para subirme al avión a las 7.30 de la mañana. Por cierto, al salir de Filipinas en vuelo internacional, hay un nuevo impuesto: pagas 750₱ desde Cebú, y creo que de otras islas menores, y el doble desde Manila. Dos horas y media después aterrizaba en territorio taiwanés. Rocío y Leticia, su hermana, habían venido a recogerme para hacerme más fácil los primeros momentos en su país.