TAIWÁN. 2ª PARTE: ENTRE TAIPEI Y YILAN
Taiwan II: Entre Taipei y Yilan. Haciendo amigos y conociendo el país.
La 2ª parte dedicada a Taiwan. La segunda semana que pasé en Taipei y desde allí comencé un tour para conocer mejor el país. Primera parada Yilan.

Taiwan II: Entre Taipei y Yilan. Haciendo amigos y conociendo el país.

La 2ª parte dedicada a Taiwan. La segunda semana que pasé en Taipei y desde allí comencé un tour para conocer mejor el país. Primera parada Yilan.
TAIWÁN. 2ª PARTE: ENTRE TAIPEI Y YILAN

Taiwan II: Entre Taipei y Yilan. Haciendo amigos y conociendo el país.

Comenzaba una nueva semana en Taiwán y tenía ganas de seguir conociendo Taipei y probar algunos más de los innumerables platos que la gastronomía taiwanesa ofrece. Mis amigas, Rocío y Leticia, me iban a ayudar en ello; aunque yo me desenvolvía cada vez mejor entre sus calles. En otro orden de cosas, el voluntariado se tambaleaba y ya comenzaba a tener la sensación de perder el tiempo, por lo que decidí tomar acción y cambiar los planes iniciales de quedarme en Taipei.

En este artículo te hablaré de cómo se fueron sucediendo los acontecimientos, las nuevas personas que aparecieron en mi vida y cómo la magia siguió acompañándome en el viaje. Un segundo artículo dedicado a Taiwán. 2ª parte: Entre Taipei y Yilan. Haciendo amigos

Despidiéndome del voluntariado

Tener que comprar la comida cada día durante el voluntariado estaba acabando con el dinero disponible para sobrevivir los 25 días que tenía previsto estar en Taiwán. Si bien en el hostel estaba cada vez más a gusto y le había pillado el tranquillo a eso de hacer camas -consiguiendo hasta divertirme- y con un personal taiwanés trabajando en el hostel que me hacían la vida muy fácil, tenía la sensación de que debía de aprovechar mejor mis recursos y cambiar los planes que había previsto. Mi cuerpo necesitaba acción y movimiento y mi mente, explorar otras cosas y tener otras sensaciones. 

Con la decisión tomada de despedirme antes de tiempo del voluntariado, tenía que avisar de que me iba. No es mi estilo desaparecer por las buenas y, sobre todo, me gusta aclarar por qué no cumplo un compromiso adquirido previamente. Angel, la gerente del hostel, se mostró sorprendida cuando se lo comenté y me pidió sentarnos un poco más tarde para que le explicase mejor; ella tenía una reunión y no podía posponerla. No tuve que esperar mucho. Después del desayuno, yo estaba en la zona común del hostel trabajando en el ordenador y Angel se sentó conmigo para hablar.

Durante nuestra conversación le expliqué las razones por las que había decidido irme. Una de las más importantes era la contraprestación que el hostel me ofrecía por mi trabajo -insuficiente a mi modo de ver-; otra era el incumplimiento, por su parte, del acuerdo al que habíamos llegado el primer día de cambiar semanalmente mi horario, pasando de hacer camas y limpiar por las mañanas a ayudar en recepción con los clientes por las tardes -con alguna mentira por el medio para disculparse-; pero, sobre todo, tenía que hacer caso a mis sensaciones, y lo que había podido encontrar para vivirlas me seducía especialmente.

La opción de Couchsurfing

Como los voluntariados a los que había enviado una solicitud a través de Workaway no contestaban, decidí probar con Couchsurfing, que lo tenía algo olvidado. Empecé mirando ciudades del norte y noreste de Taiwán -zonas cercanas a Taipei y, por lo tanto, movimientos que me resultarían menos gravosos económicamente-. Mirando y abriendo los perfiles de Couchsurfing que me llamaban la atención para revisarlos con más calma, me encontré con el de Michael Huang en la provincia de Yilan, que fue al que primero escribí -y el único finalmente-. Había más detalles en su perfil, pero me gustó especialmente un proyecto que vi llamado “Couchsurfers in Class” que incluía un vídeo mostrándolo. Cuando terminó estaba realmente emocionado con lo que había visto. Rellené la solicitud online, que era necesaria si quería participar, y la envié. Posteriormente, pedí a Michael quedarme un par de días en su casa mientras esperaba la respuesta a mi solicitud.

Han, la persona que coordina “Couchsurfers in Class”, me contestó al día siguiente agradeciendo mi interés y comentándome que alguien se reuniría conmigo en Taipei para conocerme y hacerme una entrevista personal. Michael tardó un par de días en responder y me aceptaba como invitado. Mientras Michael y yo nos conocíamos un poco mejor escribiéndonos a través de Facebook y coordinando las fechas de mi llegada, me informó que Han le había encargado hacerme la entrevista.

El grupo que tienen en Couchsurfing es muy activo, como comprobé posteriormente cuando comenzaron a llegarme propuestas para visitar en distintas ciudades del país participando en algunas escuelas y conviviendo con familias que me acogían en sus casas. La primera en ponerse en contacto conmigo fue Liza, que coordinó para mí varias ciudades desde Tainan a Hengchun -desde el centro al sur de Taiwán- con presentaciones en escuelas y reuniones con su familia durante el fin de semana, con la propuesta añadida de cocinar para ellos algunas de mis recetas y aprender a cocinar algunos platos taiwaneses. Posteriormente, Michael me dijo que en Keelung, al norte, también me esperaban en una escuela.

Mi propósito de conocer Taiwán se estaba cumpliendo y aumentado en mucho más de lo que hubiese imaginado, que si bien era muy positivo y me alegraba, también me obligaba a pensar cómo poder conseguir los fondos con los que viajar y pagar los gastos que generase la gira. Tenía un problema: mi tarjeta de crédito había caducado en diciembre del 2016 y todavía no me había podido llegar la nueva desde España; principalmente porque el servicio de correos español exige seis cifras de códigos postales en Taiwán, cuando solo tienen cinco -un despropósito-. Afortunadamente mi amiga Rocío, que era quien iba a recibir la tarjeta que me enviaba mi hermana, me ayudó y me prestó el dinero para poder viajar y cumplir mis nuevos compromisos.

Mi segunda semana en Taipei

Entre Taipei y Yilan tuve la semana previa para poder seguir visitando la capital taiwanesa y conocer un poco mejor la historia del país y su arte. Ya había podido ver el edificio museo dedicado al “padre del país” Sun Yat-sen -como te conté en el anterior artículo, así que me quedaba por ver el dedicado a quien se había encargado de traer a los millones de refugiados a la isla de Formosa Chaing Kai-shek, que se levanta sobre una extensión majestuosa de terreno y al que protegen como si de una guardia personal se tratase el teatro nacional y la sala de conciertos. También en el mismo edificio del Salón Conmemorativo Nacional dedicado a Chaing Kai-shek pude visitar varias exposiciones que siguieron mostrándome el arte chino: exposiciones de pintura, caligrafía y, en esta ocasión, también de cerámica, con uno de los artistas trabajando en directo y mostrando su técnica.

El día amaneció lluvioso y era uno de los dos que yo tenía libres. Llegué en el metro, que desde la estación de Longshan Temple cercana al hostel Duckstay solo tenía que hacer un transbordo y me dejaba en la misma entrada del complejo. Cuando llegué al National Chaing Kai-shek Memorial Hall, se estaba celebrando el cambio de guardia, que al igual que en el National Sun Yat-shen Memorial Hall se repite cada hora durante todo el día como una atracción más para los visitantes de ambos monumentos. Tanto el teatro como el salón de conciertos a esas horas estaban cerrados al público.

Cuando terminé la visita, decidí que iría a ver otro lugar no muy lejano llamado Songshan Cultural Creative Park. Este sitio no cubrió mis expectativas, aunque es cierto que pude ver una exposición dedicada a los inmigrantes que viven en Taiwán que compensó la caminata. Entre el Salón Conmemorativo Nacional Chaing Kai-shek y Songshan Cultural Creative Park me paré a comer algo: un plato típico taiwanés que mezcla carne y marisco con noodles y que me sentó como una patada en el estómago. Y es que el cambio que estoy volviendo a hacer en mi dieta, que de ser vegetariana ha pasado a ser omnívora, no estoy muy seguro de que me beneficie; pero esto es otra historia que tendré que arreglar conmigo mismo.

Visitando el Museo Nacional del Palacio de Taipei

Con Rocío y Leticia, también aprovechando el día que me quedaba libre, fuimos a visitar el Museo Nacional del Palacio. Un espectacular edificio donde, por desgracia, si quieres ver las exposiciones tienes que pagar -sino recuerdo mal eran 150 dólares taiwaneses (alrededor de 5€)- y, dada mi maltrecha economía, propuse que lo visitásemos por fuera.

Pudimos entrar en los jardines que, aunque también eran de pago, solo costaba 20 dólares taiwaneses (0,60€) que sí podía permitirme pagar. Al Museo Nacional del Palacio habíamos llegado después de hacer una parada a la salida del metro para comer los típicos Din Sum, que en el restaurante ofrecían muy variados, tanto fritos como cocidos al vapor, de distintos sabores y, para no variar, nos pusimos las botas. Así que el paseo por los jardines del Museo Nacional del Palacio nos sirvió también para hacer una parada con un descanso en el que hasta me pude echar una pequeña siesta, mientras Rocío y Leticia hacían lo propio en un entorno natural muy apropiado. Tras el breve sueño nos dimos una vuelta para conocer mejor el lugar.