2017 cuarto año de La Vuelta al Mundo Sin Prisas
Cinco años de La Vuelta al Mundo Sin Prisas: 2017 cuarto año del viaje.
Comenzaba el año 2017 en Kolonia, la capital de Pohnpei y lo terminaba en Osaka, Japón. Había cruzado Micronesia, Filipinas y Taiwán y como bola extra llegué a Japón, en una decisión improvisada. Dejando fluir el viaje.

Cinco años de La Vuelta al Mundo Sin Prisas: 2017 cuarto año del viaje.

Comenzaba el año 2017 en Kolonia, la capital de Pohnpei y lo terminaba en Osaka, Japón. Había cruzado Micronesia, Filipinas y Taiwán y como bola extra llegué a Japón, en una decisión improvisada. Dejando fluir el viaje.
2017 cuarto año de La Vuelta al Mundo Sin Prisas

Comenzaba el año 2017 y celebraba el año nuevo en una pequeña isla del Pacífico. Amarrado con el velero en Kolonia Pohnpei, en los Estados Federados de la Micronesia. Eso significaba que ya llevaba casi medio año embarcado en el yate Awenasa.

En ese tiempo habíamos recorrido más de 3.500 millas marítimas –alrededor de 6500Km- y visitado 7 países diferentes. Algunos de ellos, destacados entre los países menos visitados del mundo: Tuvalu, Kiribati e Islas Marshall. 2000, 4000 y 6000 visitantes anuales respectivamente. Todo un privilegio. Además de Samoa, Wallis, Fiyi y Micronesia.

Había pasado varias crisis con Horst, el capitán. Incluyendo la última en Pohnpei, en la que me plantee seriamente abandonar el barco y finalmente fui el que me quedé. Judith, mi compañera en la tripulación, sí que ‘saltó’ de velero y siguió otro camino.

Reparaciones terminadas y de nuevo en ruta

El día 15 de enero de 2017 y después de pasar un mes amarrados, mientras reparábamos el motor –el generador no tenía solución-, poníamos rumbo al oeste. Nos esperaba el resto de la Micronesia y Filipinas, donde estaba previsto que, en marzo, el viaje en el velero, llegase a su fin.

Yo ya tenía mi siguiente destino decidido y en una de esas madrugadas en las que me levantaba en Pohnpei -para poder conectarme a internet y trabajar en mis deberes personales, con una conexión algo más rápida en el restaurante del embarcadero-, encontré un vuelo a Taiwán barato. Desde Manila a Taipéi el último día de marzo.

Los Estados Federados de la Micronesia

Micronesia se compone de cuatro estados federados: Kosrae, Pohnpei, Chuuk y Yap. El primero lo habíamos dejado atrás y no entraba en nuestros planes de visitas. Pohnpei nos había acogido durante un largo tiempo y estando aquí, habitantes de Chuuk, me habían recomendado no pisar la isla principal de su estado. Y finalmente Yap, que sí que estaba en el libro de ruta.

Sobre la isla de Chuuk diré, que las recomendaciones de evitarla venían dadas por el lugar sin ley, que parece ser. Según me contaron, allí las cosas se arreglan como en el viejo oeste americano y cuando surgen diferencias las armas hablan muy fácilmente. El alcohol y otras drogas son las culpables normalmente de estos episodios. Por otro lado no son muy felices de recibir extranjeros y los robos en los barcos eran demasiado habituales. Visitamos islas pertenecientes al estado de Chuuk: Lukunor y Poluwat, mucho más tranquilas, pero no la principal.

Una pequeña flotilla avanza por Micronesia

Además en Pohnpei nos había dado tiempo a conocer a otros dueños de veleros y hacer amistades. Con Iacopo, Barbara y Giovanni -italianos que navegaban en un velero de competición- y Steve -americano que viajaba solo en su pequeño velero-, nos pusimos de acuerdo para seguir una ruta decidida entre todos. Aunque cada uno iría a su ritmo y se juntaría con el resto a su llegada. O esperaría a los demás en las siguientes islas. Viajaríamos juntos, pero no revueltos.

Esto convirtió el viaje en velero en algo más divertido. Las diferencias con Horst en cuanto a gustos y demás, eran evidentes, así que encontrar a gente que tuviese más cosas en común conmigo, era un alivio.

Hacíamos quedadas en uno u otro velero para comer, cenar, o pasar un rato. Cuando alguno pescaba durante el viaje, compartía lo capturado con los demás y si faltaba algo en un barco, seguramente el otro lo tenía y lo cedía. Compañerismo.

Con todos había una relación estrecha y compartíamos muchas cosas acerca de la vida y cómo vivirla, pero Steve tenía además en común conmigo un pasado profesional. Él era guitarrista y había tenido grupos de rock en su Seattle natal, yo había sido representante de grupos en España. Por lo que, además de compartir los gustos musicales, conocíamos el ‘show business’ por dentro. Su barco era un punto de encuentro para beber y fumar escuchando música rock mientras fondeábamos en las bahías de: Pohnpei, Lukunor, Poluwat, Lamotrek, Elato, Ifalik y Yap.

Las gentes de la Micronesia

Durante todo el periplo marítimo la calidez y amabilidad de la gente de las islas se había hecho evidente. En las más grandes y acostumbradas al turismo, muchas de las relaciones con la gente local, tenían un interés comercial. Sin embargo en las pequeñas islas y atolones, donde vivían unas centenas de personas y son pocos los visitantes, las relaciones eran más naturales y espontáneas.

Cuando echábamos ancla en las bahías, éramos recibidos por delegaciones improvisadas, de más o menos habitantes, que llegaban en sus canoas tradicionales. En algunos lugares había una cuota que pagar por estar allí anclado y el jefe –chief- del lugar, se acercaba a darnos la bienvenida y de paso reclamarla.