Aprendiendo del vino, no solo de sus efectos y me despido de Australia (VIII)

Aprendiendo del vino, no solo de sus efectos y me despido de Australia (VIII)

Aquel voluntariado del que os hablé en mi anterior artículo, donde fuimos Lulu, Mathias y yo después de recoger naranjas en Hillston, no solo fue un voluntariado, también fue una escuela y además me ayudó con unos fondos a seguir camino hacia Nueva Zelanda, mi nuevo destino en el viaje.

El voluntariado, que como sabéis ayuda a tener el espíritu en paz y hace que me sienta bien; la escuela porque Mark, el propietario de la viña, era un señor que disfrutaba enseñándonos los secretos del vino; y lo de los fondos, porque además de conseguir el trabajo que Peter nos ofreció finalmente en sus viñedos recogiendo la uva, con Mark ayudamos y también nos pagó.

Llegando a Habitat, el viñedo de Mark y Clare

Lulu, Mathias y yo acabábamos de volver de Hillston de recoger durante unos días naranjas, tras un paso por el lago Canobolas y saludar a María y Fani, las españolas y su amigo inglés acompañados de unas italianas, nos fuimos a Habitat, que es como se llama la finca y también el vino que producen allí Mark y Clare. Era de noche ya, nos salieron a recibir los perros, pastores alemanes, que tienen para vigilar la propiedad y también salieron Mark y Michael, otro voluntario alemán de origen polaco, que estaba allí desde hacía ya unas semanas. Los encontramos en el momento de terminar su cena, que nos ofrecieron amablemente, pero no estábamos hambrientos y agradecidos, no la aceptamos.

Lo que si nos tomamos fueron unas copas de vino para charlar y algunos conocernos, ya que Mark, Mathias y Lulu, ya se conocían de una vez anterior. Los perros Lulu y Bear, también fueron por ello amables, aunque escandalosos, a nuestra llegada.

La conversación fue amena y divertida, Michael el otro voluntario, estaba allí ayudando con la granja en, sobre todo, trabajo de permacultura, que por lo que contó, era su especialidad en la carrera universitaria. Nosotros contentos de estar allí. En mi caso porque empecé a notar las buenas vibraciones del lugar y la gente, que me acompañaron durante todo el tiempo que pasé allí y Lulu y Mathias, por volver a un lugar donde les habían tratado bien y en el que siempre aprendían algo nuevo.

La finca es una extensión que tiene varios tipos de uvas para hacer los vinos ecológicos, tanto tintos como blancos y además de ello tiene un pequeño huerto del que también en temporada sacan partido y venden parte de la producción a los clientes que se acercan a conocer el viñedo y de paso comprar a buen precio un vino que es realmente exquisito. Se nota el cuidado de las viñas y el proceso que desde el principio se hace y se mantiene natural y ecológico, sin pesticidas ni ningún tipo de producto químico que las «estropee», aunque corre el riesgo de que los insectos y otras plantas le creen problemas.

Hablando con Mark un día le pregunté por su crecimiento en el futuro y aunque le gustaría poder producir más vino, también me dijo que el riesgo y con ello el gasto que conllevaría no le compensaba y prefería mantenerse con su actual tamaño y producción, bien controlado y con riesgos asumibles en caso de desastre natural.

Habitat Vineyard: maneras de vivir

Maneras de vivir, tanto los propietarios como los voluntarios que allí estábamos. Nosotros dormíamos en tiendas de campaña o en el caso de Lulu y Mathias en su furgoneta. La casa de Mark y Clare, tiene dos habitaciones, la suya y la que, en ese momento estaban utilizando para criar los pollitos que recién habían salido del cascaron, para protegerlos durante unos días hasta que creciesen y pudiesen desenvolverse mejor entre las gallinas adultas.