un año clave en la vuelta al mundo
Viajando en furgoneta por NSW Australia (VII)

Viajando en furgoneta por NSW Australia (VII)

un año clave en la vuelta al mundo

Después de irnos del voluntariado en Orange que tanto a Lulu y Mathias, mis nuevos compañeros de viaje, como a mi nos había dejado un sabor agridulce, como conté en el anterior artículo, fuimos en su furgoneta al centro de la ciudad. Entre compras en el supermercado, poner las postales en correos y hacer algunas llamadas buscando trabajo, ya que lo que tenían previsto no se confirmaba, se nos hizo la hora de comer. En el camino, buscando un parque donde montar el picnic, nos paramos en el Teatro Cívico, que además de teatro es donde encuentras un punto de información sobre la ciudad y sus alrededores. Todo está organizado en Orange, donde saben que una gran cantidad de extranjeros y sobre todo mochileros, vienen buscando trabajo y por ello, tienen preparados mapas con todas las viñas y granjas de fruta y sus respectivos contactos por teléfono.

Viviendo la vida nómada en furgoneta

Con el mapa que nos dio la funcionaria además de unas explicaciones añadidas, que fueron de gran ayuda, seguimos camino y buscamos donde aparcar la furgoneta y montar nuestro picnic improvisado. Elegimos el parque Robertson por encontrarse cerca de la avenida que salía de la ciudad y tener césped y sombra. Había varios mochileros aparcados junto a nosotros con sus vehículos, la mayoría franceses, que en Australia son legión. Con dos de ellos Enzo y Valentín, que les llamaron la atención las tortillas de patatas, nos sentamos después de comer en una de las mesas que hay disponibles en el parque y tras las presentaciones y un poco de conversación, decidimos probar suerte juntos y hacer las primeras llamadas a las granjas preguntando por trabajo. En Orange sobre todo se recoge la uva, aunque también otras frutas como la manzana. Nosotros queríamos lo primero, que al parecer se pagaba mejor, por horas.

Mathias y Enzo hicieron esas primeras llamadas y en un momento dado, viendo que no andaban muy motivados, me ofrecí yo a probar sin obviar ningún teléfono de la lista. Quizás mi experiencia después de tantas horas negociando por un teléfono con alguien desconocido, vendiendo publicidad para la radio o giras de artistas en desarrollo, podría ayudar, aunque es cierto que me daba bastante respeto por mi, todavía, justo inglés y más con el acento australiano. Sin embargo no hubo problemas y las conversaciones fueron además graciosas, con los granjeros intentando chapurrear algo de castellano lo que ayudó a generar más confianza entre nosotros, aunque desgraciadamente no el trabajo que buscábamos. Únicamente antes de despedirnos, pedían un número de teléfono donde localizarnos, por si en un futuro necesitaban mano de obra.

En una de las últimas que hice, por fin mi interlocutor Peter, me dijo que esa semana no, pero que esperaba llamarme la siguiente, que seguro tendría trabajo. Era un dato esperanzador, pero tampoco nada definitivo. Así que después de haber recibido solo más negativas tras la llamada a Peter y sin nada confirmado, decidimos entre los tres tomarnos esa semana de relax y disfrutar, acampados en el bosque que hay en el Monte Canobolas y que es legal y gratuito. El gasto, pensamos, no sería mucho, únicamente la comida, aunque cocinando yo, no resultaría muy caro de pagar entre los tres. Lulu por otro lado planteó hablar de nuevo con la viña que conocían, ya que aunque no hubiese trabajo remunerado si que aceptaban voluntarios y habían tenido una muy buena experiencia anteriormente. Les preguntaría si éramos bienvenidos y en ese caso, ir los tres en un par de días. Nos confirmaron que podíamos ir cuando quisiésemos y que incluso si teníamos trabajo pagado en otro lugar, nos dejaban quedarnos con ellos y seguir ayudándoles cuando pudiésemos.

Por la noche fuimos al camping gratuito de la montaña, cena que nos montamos allí con Enzo y Valentín que seguían con nosotros y al finalizar, a dormir. Al día siguiente amanecimos pronto, recogimos la tienda de campaña que utilizaba únicamente yo, porque Lulu y Mathias dormían en la furgoneta y después del desayuno y despejarnos nos acercamos a la biblioteca pública de Orange, donde internet es gratuito y además nos dejaban cargar nuestros dispositivos electrónicos, vacíos de utilizarlos durante todo el día anterior.

La jornada transcurrió tranquila, hicimos la comida al lado del lago Canobolas y tras ella, sestear y charlar con los demás mochileros que andaban por allí, algunos ya conocidos de Mathias y Lulu. Uno de ellos era un artista de la madera, fabricaba didgeridoos, entre otras cosas, con pinturas aborígenes y perfectamente rematados, incluso los tocaba y nada mal por cierto. Más abajo puedes ver un vídeo que grabé con él tocando el didgeridoo.