Fiyi desde otra perspectiva
Navegando por el Pacífico: Fiyi desde otra perspectiva (II)
La segunda parte de mi segundo paso por Fiyi. Os cuento y os enseño en imágenes lo que es Fiyi y lo que pude vivir en Vuda Marina. La llegada de una nueva tripulante al velero, que sería un soplo de aire fresco y me ayudó a replantear mi relación con Horst, el capitán y propietario del barco.

Navegando por el Pacífico: Fiyi desde otra perspectiva (II)

La segunda parte de mi segundo paso por Fiyi. Os cuento y os enseño en imágenes lo que es Fiyi y lo que pude vivir en Vuda Marina. La llegada de una nueva tripulante al velero, que sería un soplo de aire fresco y me ayudó a replantear mi relación con Horst, el capitán y propietario del barco.
Fiyi desde otra perspectiva

Fiyi desde otra perspectiva

En la primera parte de este artículo, conté nuestra llegada a Fiyi. Conté los cuatro días de navegación desde Wallis. La entrada en el país y cuando llegamos al puerto deportivo de Vuda Marina.

Ahora seguiré con el relato de los días que pasamos allí amarrados, mientras esperábamos que nos entregasen la vela mayor y nuestra visita a varias islas fiyianas. Haciendo tiempo antes de partir hacia Tuvalu

¡Ah! también se unió al barco una nueva tripulante.

Dudas de seguir navegando o renunciar

Durante una de las conversaciones que mantuvimos Horst y yo a los pocos días de llegar, me hizo saber que mi mal estar navegando, no era una buena predicción de cara al futuro teniendo que recorrer miles de millas náuticas en el velero y con ello me sugería un cambio de planes. Le di la razón, no podía hacer otra cosa ¿me había leído el pensamiento o yo a él? Lo cierto es que se me vino el mundo encima, aunque yo estaba pensando en ello, no tenía nada alternativo preparado para seguir mi periplo y mi presupuesto estaba bajo mínimos para lanzarme a cualquier aventura.

En mi cabeza se enredaban mis pensamientos, por un lado quería cumplir el compromiso que había adquirido con él y conmigo mismo de hacer este viaje por el Pacífico. Pero a la vez el malestar durante la navegación era un mal compañero que me llevaba por la calle de la amargura, añadido a la relación entre ambos, digamos… distante, o… tirante, aunque correcta.

Decidimos que durante los días que estaríamos allí, buscaríamos una solución y tomaríamos la decisión correcta para ambos. Yo me podía quedar en el barco, hasta entonces. Mi cabeza bullía buscando una alternativa que no llegaba. El tiempo pasó tranquilo, una buena forma de pensar. Nos desplazábamos a Lautoka algunos días a hacer las compras pertinentes para llenar la despensa y dar paseos por la ciudad y yo seguía con mi angustia sin saber que hacer.

Lautoka y Vuda Marina

La primera vez que nos desplazamos a la ciudad, el segundo día, usamos el autobús local, que además de económico era divertido, por lo menos para mi. Pero Horst, que no es un santo de paciencia, decidió que lo cambiaría por el taxi, con un recorrido más directo, cuando bajase conmigo o solo. Tampoco el precio del taxi era muy elevado, aunque multiplicaba por quince el del autobús. Yo incluso pude hacer dedo un día cansado de esperar el autobús, y me funcionó.