entre China y Vietnam. Hanoi
Vietnam I: La llegada a Hanoi y primer voluntariado independiente
Después de cruzar la frontera entre China y Vietnam, con la ayuda de las autoridades de ambos países, me tocaba llegar a Vietnam y a la casa de mis anfitriones. Una academia de inglés donde iba a hacer mi primer voluntariado independiente ¿Qué es? Te lo cuento en el artículo.

Vietnam I: La llegada a Hanoi y primer voluntariado independiente

Después de cruzar la frontera entre China y Vietnam, con la ayuda de las autoridades de ambos países, me tocaba llegar a Vietnam y a la casa de mis anfitriones. Una academia de inglés donde iba a hacer mi primer voluntariado independiente ¿Qué es? Te lo cuento en el artículo.
entre China y Vietnam. Hanoi

El autobús que me llevaba a Hanoi fue toda una aventura en la carretera. Al parecer el conductor tenía prisa y también sabía que, cuando él quería adelantar, solo necesitaba invadir el carril contrario y el que viniese de frente, también sabía -o aprendía- que tenía que apartarse y dejarle espacio. Ni os cuento con las motos, si esto lo hacía con coches, camiones y otros autobuses…

De todas formas he ido comprobando durante mi avance en el viaje, que es algo bastante típico por las carreteras de esta parte del mundo. Os recuerdo que esta serie de artículos llevan un retraso de varios meses en publicarse y ya he cruzado Vietnam, Camboya, Tailandia, Myanmar, Laos hasta llegar a Malasia en el momento de escribirlos, por lo que he podido comprobarlo varias veces.

Autobús a Hanoi desde la frontera

Pero antes de empezar el alocado trayecto, me tocó negociar el precio con la amiga del policía de la frontera vietnamita. Afortunadamente Noé ya me había dicho lo que costaba, ya que hizo el mismo trayecto que yo, y esta ventaja la aproveché cuando la chica en cuestión me quiso cobrar de más. Finalmente la convencí de que el precio era el que yo le decía y que incluso su cálculo entre el Yuan (RMB) y el Dong vietnamita que me estaba dando, le salía mejor con mi oferta -como pudo comprobar en mi convertidor de moneda que tengo instalado en el móvil-.

La llegada a Hanoi fue bien entrada la noche, alrededor de las 10.30 – 11 pm y no llegué a una terminal de autobuses, dijéramos normal, era un parking en un descampado donde el autobús se guardaba. Al principio dude de que encontraría algún modo fácil de moverme desde allí hasta la casa -donde no me esperaban hasta dos días después-, pero finalmente sabedores de su llegada, había taxis esperando los clientes de este viaje.

Con el único taxi que quedó, de nuevo me tocaba negociar el precio para llegar hasta la dirección que tenía apuntada. Su primera oferta fueron 200.000 Dong (8€ al cambio), que aunque hubiese querido pagar, no me llegaba con el dinero que llevaba en efectivo.

El taxi en Hanoi

En el autobús tras la compra del billete había podido cambiar con la encargada algunos yuan por dong, pero solo me alcanzaba hasta los 98.000 dong, casi la mitad, que es lo que le ofrecí. El taxista se negó a aceptarlo y nos quedamos ambos a la espera de la reacción del otro. De repente apareció otro taxi, y el que me estaba esperando, al ver que me fijaba en él y que iba a pararlo, decidió que mi oferta era suficiente. Ya en marcha, me volvió a pedir el papel con la dirección apuntada y también el dinero, algo que me negué a darle, hasta que no llegásemos a la puerta de casa.

A mitad de camino paró y me hizo el gesto de que habíamos llegado. Le insistí en saber si era la dirección que ponía en el papel y había revisado antes, y que me dijese cuál era el portal. Con un gesto de contrariedad, siguió adelante. Por lo tanto no era mi destino final, solo había entrado en el barrio. Menos mal que no le había entregado el dinero, ya que de esta manera no tuvo más remedio que seguir camino y llevarme hasta la misma puerta. Y sin rechistar.

La calle no es muy conocida -de hecho es una pequeña plaza rodeada de edificios entre los que estaba al que yo iba- así que tuvo que preguntar un par de veces. Tardamos en dar con él. Ya allí, me pude asegurar con una vecina que me crucé buscando el cartel de la calle, que efectivamente esta vez, sí que era mi destino final. Confirmado y seguro, saqué mis mochilas del maletero y le pagué lo que habíamos acordado con una pequeña propina en RMB que llevaba sueltos -para su sorpresa-.

En casa de mi anfitrión Binh

Ahora solo quedaba que en la casa estuviesen Noé o Binh, que por la hora, alrededor de la medianoche, era lo más probable. Subí las escaleras hasta el 3º y alguien me abrió la puerta. Era occidental y enseguida me presenté. Noé que estaba dentro y me escuchó, salió a recibirme. Quien me abrió la puerta era Tommy, otro voluntario, belga para más señas, con el que enseguida congenié y durante toda mi estancia fue un gran compañero. Os hablaré de él en el siguiente artículo.

Cuando llegué, tenía la intención de quedarme alrededor de las dos semanas, que era como había quedado con Binh a través de correos electrónicos desde China. Binh es el propietario de la academia de inglés y aún sabiendo que mi nivel es intermedio y que tengo que aprender más que enseñar, me abrió las puertas de su casa y permitió quedarme algunos días más, finalmente estuve 22 días.