Sandakan, que no Sandokan: Borneo V

Después de atravesar las montañas entre Kota Kinabalu y Sandakan, llegué de noche a la ciudad tras más de seis horas de viaje, roto pero con ganas de conocer un lugar que me traía recuerdos de mi niñez por la serie de Sandokan «El Tigre de Malasia». Quizás la ciudad inspiró el nombre del príncipe, no lo recuerdo y tendría que leer de nuevo el libro de Emilio Salgari para hacerlo.

Lo que si que es cierto es que Sandakan es una parte de Borneo, la isla donde se desarrollan muchas de las aventuras de este personaje: Sandokan. El entorno de Sandakan está pleno de naturaleza y animales salvajes que están protegidos y se muestran en varios parques dedicados a ellos y en estatuas en las rotondas que rodean la ciudad y dividen sus carreteras: orangutanes, osos del sol, cocodrilos, monos narigudos o probóscides, elefantes de la selva, etc.

La llegada al último voluntariado en Asia

Nabistul, la dueña del hostel Seaview de Sandakan me esperaba, habíamos podido enviarnos mensajes con las condiciones de trabajo y las reglas del hostel, que por supuesto podía y además debía respetar si quería aceptar el voluntariado: no fumar y no beber alcohol las principales, ya que se respetan las tradiciones musulmanas para clientes y empleados.

Con mis mochilas en la terminal de autobuses y de noche no sabía muy bien como moverme, así que me puse en contacto con Nabistul para preguntar si finalmente alguien me recogería o tenía que ir yo por mi cuenta. Me ofreció enviar en moto a uno de los trabajadores y que yo la llevase de vuelta, por mi mayor experiencia conduciendo y la falta de la suya. Finalmente decidimos que era más sencillo moverme por mi cuenta en taxi. Varios taxistas vinieron a preguntarme para hacer el trayecto, pero el precio me pareció demasiado alto para mi presupuesto y decidí esperar. Durante la espera, un señor se ofreció para llevarme con su coche por una cantidad inferior: 10 RM, por los 30 del taxi. No había otra opción mejor, así que acepté.

El conductor siguiendo mis instrucciones me dejó en uno de los hosteles más populares de la ciudad, aunque no era el que buscaba, afortunadamente en la zona se encuentran la mayoría y, no me costó dar con el mío, a solo una manzana de donde estaba, enfrente del mercado central y la lonja de pescados de la ciudad, que me ayudó a comprar fácilmente cada día y a poder ver unas salidas y puestas de sol increíbles, ya que nos encontrábamos justo en la línea de costa.

Nabistul me recibió con un abrazo y dos besos, algo que me sorprendió ya que por estos lares esto no se estira mucho y ella es musulmana practicante, pero que agradecí. Me enseñó el hostel y me asignó una habitación, en el hall de entrada, enfrente del mostrador de recepción y al lado de la habitación que estaban utilizando ella y sus dos hijos: Sarah, a la que apode ‘princesa’ y Yasin un pequeño de no más de 10 años e hiperactivo, al que llamaba ‘little bro’.

El hostel Seaview Sandakan

En el hostel había trabajo que hacer, ya me habían avisado Nico y Andrea, mis amigos argentinos de los que os he hablado en varios artículos, de cuando ellos estuvieron y quienes fueron los que me proporcionaron el contacto para poder ir y hacer este nuevo voluntariado.

Nabistul tiene también un negocio en Kuala Lumpur, una agencia de viajes, y con sus niños tiene que residir mayoritariamente en la capital malaya para atender su educación. Durante este tiempo deja el hostel a cargo de una persona de confianza, pero en este caso y tras varias experiencias positivas con él, la cosa se torció, ya que tras un problema personal descuidó el trabajo, rebajando el nivel de limpieza, el trato a los clientes, etc. Lo descuidó tanto todo, que la fama bien ganada anteriormente por el trabajo que realizaba Nabistul, casi personalizado en cada cliente y que llegó a situar al hostel como el más valorado en todas las webs de reservas, la perdió. Una verdadera pena y un trabajo muy largo por delante para volver a ponerlo de nuevo en lo más alto.

Nabistul durante nuestras conversaciones a través de los mensajes, ya me había dicho que buscaba un socio o manager para que se quedara allí y le ayudase a recuperar el negocio. Me hacía ilusión, pero finalmente no me vi capacitado para la labor. Una de las razones era y es mi viaje, que es un proyecto en mi vida en sí mismo y la otra mi falta de experiencia para llevar un negocio de estas características. De dinero llegamos a hablar, aunque quizás mis aspiraciones le parecieron altas y por ello continué con mi trabajo como voluntario aunque con más dedicación, debido a que como conocía mi falta de fondos se ofreció a ayudarme con el billete de avión a Australia. También en los primeros días me dio 50RM para cubrir algunos gastos.

Mi tiempo en el voluntariado

A Nabistul siempre le reclamé un horario, en principio como voluntario, después como trabajador si llegábamos a un acuerdo, nunca lo llegue a tener, tampoco los trabajadores, algo que me afectó y posiblemente también me desanimo, personalmente porque no podía organizar mi día y en general porque creaba descontento entre la plantilla y era difícil de coordinar por la falta de personal.

Durante mi estancia en el hostel estuve en una montaña emocional, con grandes debates conmigo mismo acerca de si seguir allí o cambiar de nuevo de lugar y de ciudad y buscar otro voluntariado. Eran muchas cosas las que me llevaban a este estado de ánimo, que en parte tampoco llegaba a comprender del todo porque Nabistul siempre fue una mujer comprensiva y que me demostró tener un gran corazón, tanto conmigo como con el encargado que le llevó el negocio a la ruina, al que aguantó hasta bastante tiempo después de que yo llegase, aunque finalmente mostrando también aplomo y temperamento, tomó la decisión de despedirlo junto con los otros dos trabajadores que estaban cuando yo llegué.

A mi modo de ver, abrió los ojos y puso punto y final a una situación que se hacía insostenible, además no le gustó nada que un día que yo había creado unos horarios para toda la plantilla siguiendo sus instrucciones, estos se mostrasen disgustados e incluso en desacuerdo en seguirlos, discutiendo airadamente conmigo el planteamiento. De alguna forma, esto fue el detonante del despido masivo, según ella me contó posteriormente, ya que no le había dado tiempo ni a explicar el porque de un horario partido y si preferían trabajar más horas, por algo más de dinero. También había contratado a un encargado con alguna experiencia en hosteles, que había dado su visto bueno a mi plan de trabajo, pero sin embargo durante la discusión con los demás, se limito a mirar en la distancia sin llegar a intervenir, alegando que tampoco estaba de acuerdo. Nabistul también lo despidió en el mismo momento.

Cuando llevaba alrededor de dos semanas en el hostel, haciendo las diferentes cosas que me encargaba, entre lo que se encontraba: limpiar y enseñar a otro de los trabajadores como hacerlo; acompañar a los clientes a las excursiones que compraban conduciendo el coche; cocinar en ocasiones para todos y por la mañana los desayunos también para los clientes, que eran parte del precio de la habitación, llegaron dos nuevos voluntarios: Adam de Hungria y Anne malaya de raíces hindues, pareja y también viajeros, que tenían como misión ayudar en lo posible y de paso aprender como manejar un hostel, ya que en diciembre debían de encargarse durante un tiempo, de otro de la ciudad que había adquirido Joshua, un amigo de Nabistul y de Anne.

Con Adam y los trabajadores que por entonces todavía estaban allí, nos encargamos de limpiar y despejar las salidas de emergencia, que habían acumulado trastos y suciedad durante esos meses que Nabistul había estado fuera. Anne por su lado arreglo algunas habitaciones del hostel. Después de este trabajo y tras algún pequeño mal entendido con Nabistul Adam y Anne, adelantaron finalmente su marcha y se pusieron a trabajar en el nuevo hostel. Entre nosotros habíamos creado una buena relación y en una de las conversaciones durante una de mis visitas a su nuevo hostel, me comentaron que tenían que pintarlo y organizar algunas cosas para la re-inauguración que no debía de retrasarse mucho. Les ofrecí mi ayuda para trabajar también con ellos a cambio de dinero, mientras compaginaba mi trabajo en el voluntariado, haciendo mi jornada habitual de cinco horas, que me costó concretar.

Trabajando de pintor unos días

Tras una espera de unos días por fin el propietario Joshua apareció con su pareja Michelle y decidieron que los trabajos empezarían enseguida. Anne me ofreció entonces trabajar pintando el hostel con otros dos trabajadores locales y, el que podríamos considerar manager, que era al que Nabistul despidió de Seaview. Me ofrecieron ocho horas de trabajo por 50RM la jornada. Para los sueldos que normalmente se manejan en España, me pareció poco, pero parece ser que para los sueldos que se suelen pagar allí era mucho. Acepté, no tenía más remedio y durante varios días estuve pintando algunas de las habitaciones, trabajo que terminé bruscamente cuando, durante una reunión que mantuvimos Adam, Anne y el encargado, este me reclamó un reembolso por el uso del botiquín. Quizás lo hubiese aceptado, pero resultó que no lo había utilizado, únicamente había preguntado y por ello el ya dedujo que lo había hecho. De todas formas, pedir el reembolso del uso del botiquín, cuando menos me resultó curioso pero además me enfadó por no haberlo comprobado antes de pedirme el dinero.