isla de Formosa
Taiwán IV: Descubriendo la isla de Formosa durante 10 días (2ª parte)
Taiwán IV: descubriendo la -también conocida- isla de Formosa durante 10 días más. Esta es la 2ª parte del relato de mi gira por algunas escuelas del país.

Taiwán IV: Descubriendo la isla de Formosa durante 10 días (2ª parte)

Taiwán IV: descubriendo la -también conocida- isla de Formosa durante 10 días más. Esta es la 2ª parte del relato de mi gira por algunas escuelas del país.
isla de Formosa

Taiwán IV: descubriendo la isla de Formosa durante 10 días (2ª parte)

De Tainan, en la isla de Formosa o Taiwán, capital del país entre los siglos XVII al XIX, me fui encantado: lo había pasado muy bien, había conocido a una familia encantadora y mis conferencias habían gustado. Además, pude comprobar que en Tainan realmente se come muy bien y variado. Como ya te conté en el anterior artículo.

Ahora tocaba desplazarme unos pocos kilómetros al sur -siguiendo la costa oeste- hasta Kaohsiung, donde me esperaba en su casa Grace, la hermana de Liza.

Allí permanecería solo una noche y al día siguiente nos juntaríamos con toda su familia en un pequeño pueblecito de Pingtung llamado Zhutian, hacia el interior de la isla.

Un poco de historia de Kaohsiung

Es la segunda ciudad taiwanesa por número de habitantes. Su puerto es el más grande de Taiwán, aunque realmente no pertenece a la ciudad, sino al estado, lo que es motivo de disputa entre ambas instituciones.

Si bien es un dato positivo para su desarrollo, también lo es negativo: al ser el  centro de la industria naval taiwanesa y base de su armada, es una ciudad con una alta contaminación por las diferentes industrias siderúrgicas que acoge.

Los holandeses se instalaron allí en el S. XVII, pero no estuvieron mucho tiempo, ya que fueron expulsados por los chinos treinta y siete años después de haber llegado.

Cuando estos se instalaron, la ciudad comenzó a crecer. A lo largo de su historia, ha cambiado varias veces de nombre. Fue después de la II GM, una vez la isla devuelta a los chinos, cuando pasó a tener el nombre con el que la conocemos actualmente: Kaohsiung.

Mi llegada a Kaohsiung

La estación de trenes de Kaohsiung está justo al lado de una del metro de la ciudad -por cierto, los lugareños presumen de tener dos de las cincuenta estaciones de metro más bellas del mundo-, así que el transbordo fue sencillo. Además, sólo tenía que coger una línea y bajarme poco antes de llegar a su final.

Salí a la calle y, en esa ciudad desconocida para mí, tenía que apañármelas sin mapa para llegar a la vivienda. Vi a una pareja de chicos jóvenes y les pregunté. No sabían dónde quedaba esa dirección, pero el chico me propuso buscarla en Google Maps con su móvil. La encontramos, me envió el mapa a través del messenger -compartió su conexión conmigo por unos segundos- y con él pude buscarme la vida.

Fui preguntando y gesticulando con quienes se cruzaban por mi camino y finalmente un señor, que estaba trabajando cerca, me acompañó hasta la misma puerta del edificio.

El portero estaba al tanto de mi llegada y me indicó el portal exacto donde tenía que ir y a qué timbre llamar. Grace bajó a la calle a buscarme para acompañarme a su casa.

Me indicó la habitación donde me quedaría, dejé mi mochila y me presentó a dos amigas que estaban con ella esperando la cena que yo había comprometido preparar. Lo que no esperaba era tener que ponerme nada más llegar; pero, bueno, la experiencia me hacía estar preparado en cualquier momento.

Preparando la cena española para mi anfitriona y sus amigas

Grace había comprado todo lo que le encargué para preparar mi pollo con tomate, el arroz caldoso de marisco y la tortilla de patatas. También tenía todas las herramientas necesarias para cocinar, que me facilitó las cosas.

Todas seguían con interés los pasos que iba dando para crear los platos. Por lo visto, el grupo de amigas se juntan con bastante asiduidad para intercambiarse nuevas recetas y técnicas de cocina que van descubriendo. 

Estuve alrededor de dos horas con las manos en la masa y no me aburrí en ningún momento. Tanto Grace como sus amigas me hacían reír y fueron muy divertidas. La última amiga que llegó lo hizo con cervezas, que alegraron más la velada.

Nos sentamos a cenar y además de lo que yo había preparado, las amigas también aportaron algún plato y los postres. De nuevo, un banquete nocturno en Taiwán.