segundo año de la vuelta al mundo
Malasia I: Un largo voluntariado en Kuala Lumpur con Workaway

Malasia I: Un largo voluntariado en Kuala Lumpur con Workaway

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Había visto por fotos que Bamboo Village tiene en su blog, la belleza del lugar donde iba a hacer mi decimosegundo voluntariado en Kuala Lumpur, de nuevo con Workaway. Pero al llegar de noche, como te conté en el anterior artículo, no lo pude ver realmente hasta que amanecí al día siguiente.

De entrada dormí como un tronco, la paliza de los dos días anteriores para llegar aquí desde Bangkok, ayudaron, pero además la paz que se respira en este lugar, no el silencio ya que la jungla nunca calla, me ayudó a entrar en un sueño profundo como hacía tiempo. Madrugué, sobre todo porque tenemos gallinas y gallos, que ya se encargan por la mañana de despertarnos bien pronto y cuando me asomé por la puerta de mi casa, que es de bambú y vi el entorno, tuve una sensación de increíble y pensé que iba a ser un lugar propicio y donde estaría lo máximo posible, para, además de colaborar como voluntario, también descansar del último mes que había sido bastante movidito.

La toma de contacto

Tras levantarme y frotarme los ojos por la belleza del paisaje que estaba viendo y confirmar la realidad, enseguida bajé a la cocina y allí me encontré con dos voluntarios que llevaban bastante tiempo aquí. Por un lado estaba Terry: australiano, entrado en la cincuentena, periodista y viajero, que todavía sigue y Mani de unos treinta años, iraní que se iba a los pocos días tras más de tres meses de voluntariado y que ha estado viajando por Asia durante un largo tiempo. Ambos fueron mis guías en estos primeros momentos en los que tenía que empezar a conocer mi trabajo y el funcionamiento del lugar.

Al poco rato vino Ramadhan, el propietario del que os hablaré mejor más adelante. Con el acordé finalmente que estaría por aquí entre cuatro y seis semanas si era posible. El me confirmó y me dio algún detalle de lo que necesitaba de mi. Charlamos un poco más sobre mi viaje y lo que podía ofrecerle trabajando.

Bamboo Village y mi trabajo

Bamboo Village es un resort, está en medio de la jungla malaya, a unos 20Km de Kuala Lumpur la capital de Malasia y como su nombre indica está hecho de bambú, aunque por supuesto se ha combinado con otros materiales de construcción para hacer las casas más consistentes y duraderas, como la madera y el hormigón o cemento. Aquí tienes este vídeo que te lo presenta.

Y el sitio es realmente algo especial, entre otras cosas por la buena energía que estoy respirando aquí y por otro, porqué Ramadhan hace que también sea un sitio distinto a todos los voluntariados que he hecho hasta ahora. De entrada no tienes un horario, has de cumplir algunos cometidos según las necesidades y a partir de ahí, el tiempo es tuyo. En mi caso durante estas más de seis semanas que llevo he podido: limpiar la cocina, hacer las diferentes tareas en las casas que se alquilan a los clientes, como: limpiar, recoger o cambiar los juegos de camas y dejarlas preparadas para cuando entren los siguientes.

Más tarde cuando he podido hacerme con la maquina destrozadora, es distinta a todas con las que había trabajado hasta ahora, me estoy encargando del mantenimiento del césped, que también incluye recoger las hojas que caen al suelo y que son bastantes, ya que estamos rodeados de árboles y llueve cada día, además con mucha fuerza. Creo que son las tormentas más salvajes, con los truenos más estruendosos que he podido ver y escuchar en mi vida y ya tengo una edad.

Por otro lado estoy viendo pasar tantos voluntarios, como clientes y es que como le digo a Ramadhan, a él lo que le gusta es ayudar a los viajeros y conocer gente de todas partes, ofreciéndoles un lugar donde reposar y con ello se beneficia de tener el sitio en funcionamiento y con un mantenimiento diario.

No tenemos recepción y son los clientes los que a través de la web se encargan de hacer sus reservas, según la casa que esté libre, y lo que necesiten. Ramadhan por supuesto lleva el control y nos dice cuando se tienen que preparar para los clientes y lo que debemos cobrar a su salida.

Entre los clientes y los voluntarios también existe una armonía y cuando ellos preparan comida, nos invitan a compartirla. Ya me ocurrió en mis primeros días, que unas familias de iraníes residentes en Kuala Lumpur organizaron una, sin estar hospedados, y me invitaron a estar con ellos y disfrutarla juntos.

Así como con una familia de malayos que nos invitaron a cenar a los voluntarios que estábamos en ese momento y por la mañana nos prepararon el desayuno. El pasado fin de semana la familia y yo volvimos a vernos en su casa, allí preparé una tortilla de patatas y ellos me invitaron a probar varios platos de la gastronomía malaya, que es una mezcla de influencias malayas, chinas e indias y se nota en las diferentes formas de cocinar y los ingredientes que se utilizan.