cruzando de oeste a este Australia
Cruzando de Oeste a Este Australia (IV)
Así comenzó el viaje hace casi dos años, desde el oeste hacia el este del mundo y así ha seguido el viaje por Australia: cruzando de oeste a este el país. La idea era hacerlo por tierra, pero se quedó en un intento.

Cruzando de Oeste a Este Australia (IV)

Así comenzó el viaje hace casi dos años, desde el oeste hacia el este del mundo y así ha seguido el viaje por Australia: cruzando de oeste a este el país. La idea era hacerlo por tierra, pero se quedó en un intento.
cruzando de oeste a este Australia

Así comenzó el viaje por el mundo hace casi dos años, desde el oeste hacia el este y así ha seguido el viaje por Australia. La idea era también seguir por tierra, cruzando varios estados y recorriendo entre Darkan y Melbourne más de 3.500 km haciendo dedo o usando autobuses y trenes cuando fuese imprescindible, algo que intente pero que no pude completar, repitiendo lo que ha ocurrido con el viaje desde que salí de España, en el que al final he tenido que hacer uso de aviones, mi última opción de transporte. Pero si algo estoy aprendiendo en el viaje, es que hay que estar abierto a los imprevistos y ser flexible con los acontecimientos, como ocurrió en este caso.

La aventura autoestopista

Esa mañana del 29 de enero había despertado pronto y tenía todo preparado, Aaron me había fabricado unos carteles para que los enseñase en la carretera, decían: «Melb.» (Melbourne) y «Spain East» (From Spain to the East Australia). Así mismo me había regalado una tienda de campaña, estaba incompleta, ya que no tenía las varillas con las que formar el iglú, pero podría con una cuerda que me proporcionó, atar la punta superior a un árbol y hacer un vivar donde pasar las noches, si era necesario, durante el recorrido.

Kathy también había cambiado sus planes y en vez de ir a Collie para comprar, iría a Wagin, donde yo esperaría a que alguien me parase y seguir viaje. Sobre las 10am ya estaba allí con algunos vivieres comprados en el supermercado con Kathy para comer durante el camino… largo camino que me esperaba.

El sol caía con justicia y aunque me había puesto en un lugar con sombra cada vez que aparecía un coche por la carretera y salía a enseñar mi dedo pulgar el sol me daba de lleno. Durante más de 6 horas estuve viendo pasar a coches y camiones, que en muchos casos me hacían una señal de que iban cerca y no hacían amago de parar, solo un señor finalmente paró con su camioneta y me ofreció llevarme 3 km más allá del pueblo, decline la oferta agradeciéndole el detalle y decidí seguir en el mismo sitio. Entonces solo habían pasado un par de horas y seguía con la moral alta pero mi piel blanca comenzaba a tornarse roja.

Alrededor de las 3pm y habiendo esperado pacientemente durante cinco horas sin éxito, decidí echar una ojeada a las webs de venta de billetes de avión. El que salía de Perth el lunes con destino Melbourne tenía un precio bajo, que posteriormente fue subiendo conforme añadí la mochila, el asiento y demás trampas que te preparan las compañías de bajo coste. Aún así eran únicamente 135€ al cambio, cifra que podría multiplicarse por 4, 5 o más haciéndolo por tierra, si seguía con la suerte vista hasta el momento haciendo autostop.

Decidí entonces llamar a Aaron que me había dado una moneda de 20 céntimos de dólar para echarla al aire y tomar algunas decisiones. La lance y en dos ocasiones me indicó la opción del vuelo. También cuando hablando con Aaron me insistió en volver a tirarla y de nuevo volvió salió la opción del vuelo: era cara y no cruz.

Convencidos ambos por la suerte de la moneda, le pedí que viniese a buscarme para devolverme a casa y esperar durante el fin de semana mi vuelo. Acto seguido llame a Kathy para preguntarle si podía quedarme esos dos días en su casa de nuevo, a lo que no puso reparo. Según me dijo yo era su invitado y quería cuidar de mi bienestar en el oeste de Australia, por lo que lo que yo decidiese estaba bien para ella.

Durante la espera a que llegase Aaron apareció Mike, el amigo de Char-Lee la hija de Kathy y del que os hable en mi segundo artículo dedicado a Australia, me invitó a una cerveza de la caja que llevaba en el coche, estaba fría y refrescante. La tomamos juntos mientras charlábamos y le contaba mi experiencia de autoestopista hasta el momento.

Él no sabía que era yo cuando paró, pero me dijo que su intención era la de recoger a quien se encontrase en ese momento allí y acercarlo hasta Lake King si era necesario, ya que es donde el vive con su familia. Mi destino era Esperance, así que Lake King no me venía mal, únicamente que por la hora cuando llegásemos se me complicaba la cosa para seguir haciendo dedo, casi ya de noche. Por ello y porque Aaron ya estaba en camino para recogerme, decliné aceptar su oferta.

Eran alrededor de las 4.30pm cuando Aaron llegó y coincidió con el momento en que me despedía de Mike. Aaron nada más saludarme me ducho con el agua de varias botellas que había traído con esa idea sabiendo que había estado tantas horas al sol. Aaron estaba en todo, ya os conté sobre él en el anterior artículo.

Refrescado por el agua y con mis enseres en su coche volvimos a Darkan, a casa de Kathy y allí espere el fin de semana preparando el viaje en avión y avisando a mis amigos en Melbourne de los cambios de planes, escribiendo para el blog y poca cosa más. Mi anfitrión el último día en Darkan fue Aaron, ya que Kathy había planeado irse de acampada con los dos voluntarios que estaban también en su casa y yo no me podía quedar.

Desde Perth a Melbourne volando

El lunes por la mañana Aaron me acerco a Arthur River, donde tenía el autobús hasta Perth. En Perth había quedado con Margie, una señora australiana que contacte a través de Eduardo Mencos, un amigo español. A Margie la escribí antes de salir de Malasia, aunque su respuesta me llegó cuando ya había ido a casa de Kathy, por lo que no había tenido oportunidad de quedar con ella y casi no lo hago si mis planes iniciales hubiesen salido adelante.

Margie me indicó que la esperase en la misma terminal de autobuses donde ella me recogería con su coche. Una señora simpática, amable y que me llevó a conocer esas partes de la ciudad que en mi primer día no había podido visitar. Comí una pizza en el restaurante del mirador y nos dimos un paseo para admirar las vistas de la ciudad y del río Swan que había desde lo alto de la colina, que además acoge los monumentos dedicados a los caídos por el país, en las diferentes guerras donde los australianos han combatido.