Antalya, Konya y Ankara
La Vuelta al Mundo Sin Prisas

Antalya, Konya y Ankara. Mi periplo turco: primera parte.

Tras mi voluntariado en Fethiye recorrí Turquía para llegar a la frontera iraní. Esta es la primera parte del periplo, que he dividido en dos, para contarte mi recorrido por el país otomano.

Antalya, Konya y Ankara. Mi periplo turco: primera parte.

Tras mi voluntariado en Fethiye recorrí Turquía para llegar a la frontera iraní. Esta es la primera parte del periplo, que he dividido en dos, para contarte mi recorrido por el país otomano.
Antalya, Konya y Ankara

Antalya, Konya y Ankara. Mi periplo turco: primera parte.

Antalya, Konya y Ankara, tres de las seis ciudades que recorrí en mi periplo turco para llegar hasta la frontera iraní. Había visitado ya Estambul, la ciudad entre dos tierras y durante 15 días hice mi voluntariado en Fethiye, en la costa sur del país.

Un recorrido atravesando Turquía que hice en un tiempo casi récord antes de llegar a Erzurum, ciudad donde tenía que recoger el visado para Irán. Elegí estas ciudades porque me lo habían recomendado y también porque después leyendo, supe que algunas de ellas tenían una larga e interesante historia que me apetecía conocer.

En los siguientes dos artículos, intentaré resumir este periplo turco y los intercalaré con mi viaje por Irán, que ya ha comenzado como habrás podido leer en Irán 1ª parte: La llegada.

Antalya. Primera parada

Desde Fethiye tenía un viaje de unas cuatro horas en autobús. Durante el trayecto pude conocer a Ali y su mujer Ayten, ambos turcos pero residentes en Alemania, que pasaban algunos periodos del año en su tierra natal. Dos señores muy simpáticos que nada más llegar a Antalya me ayudaron a encontrar mi transporte para llegar al centro y a mi hostel.

Recorrí las viejas calles del centro histórico, un lugar espectacular y muy bien cuidado para disfrute de sus gentes, pero sobre todo del turismo que en esta parte de Turquía es mucho. Mi albergue estaba cercano a la Puerta de Andriano, así que llegué rápido y pude hacer el check-in temprano. Interesante para así visitar lo más posible de la ciudad, ya que al día siguiente partía hacia Konya.

Recorriendo Antalya y sus bazares

Busqué un supermercado y compré para comer y cenar ese día. Descansé durante las horas de más calor y salí sobre las cinco de la tarde para recorrer gran parte del Old Town. Después busqué el bazar Folk que está dedicado sobre todo a alimentación fresca y es itinerante -motivo por el que se monta cada día en una zona en la ciudad-. Después me dirigí al bazar antiguo, que en las ciudades turcas son casi museos. Tras dar un vuelta por allí me tomé un té y descansé un rato.

Ya con las visitas más interesantes que me dio tiempo a hacer, busqué la parada de autobuses de línea que al día siguiente tendría que utilizar para llegar hasta la terminal de autobuses de larga distancia. Con uno de ellos haría mi viaje a Konya. No era muy complicado llegar a la terminal, pero con mi carga, prefería andar lo menos posible por la mañana e ir sobre seguro.

Antes de que oscureciera volví paseando por el old town hasta la muralla que rodea la ciudad y pude ver la puesta de sol junto al mar. Como gran premio me encontré con un músico callejero interpretando música tradicional turca sentado junto al monumento dedicado a Nazin Hikmet.

Este poeta turco -considerado el más importante del siglo XX en su país- fue encarcelado y exiliado varias veces debido a su militancia comunista, llegando a perder finalmente su nacionalidad. Esto fue motivo para que emigrase a la URSS, donde murió como ciudadano polaco. Un dato que lo relaciona con España, es que apoyó a los luchadores republicanos durante la Guerra Civil, como detallaba la placa junto al monumento.

El viaje a Konya

Por la mañana temprano desayuno turco incluido en el precio de la habitación y después, cargado con mis mochilas, directo a la parada de autobuses de línea que había encontrado la tarde anterior y que no estaba muy lejos del old town.  Esto era una ventaja ya que podía llegar a la terminal lo antes posible, comprar el billete para mi viaje a Konya y esperar la salida de mi autobús tranquilamente.

Cuando llegue a la terminal me asaltaron los buscadores de clientes ofreciéndome el billete que tenía que comprar. Al primero que escuché me llevo a un puesto de venta que me lo vendía por 45TL, regatee y lo rebajé hasta las 35TL, aunque decidí probar con otras compañías para intentar bajarlo más.

 

Cuando lo busqué en internet el precio era de 38TL en la compañía Metro, que se supone que es la más cara y además podía comprarlo en la misma terminal. En cada una de las siguientes que fui probando me ofrecían un precio, llegando hasta las 50TL y en horarios diferentes, con largas esperas hasta la salida.

En la última que pregunté me lo ofrecieron de nuevo por 45TL. Negocié y viendo que no conseguiría un mejor precio decidí aceptar las 35TL finales que acordamos. La ventaja fue que solo tendría que esperar una hora para viajar.

El autobús fue cómodo y la atención buena, hasta que cuando llegué a Konya me dejaron en una rotonda. Me sorprendió y protesté pero no me sirvió de nada. Mi mochila ya estaba en la acera y el autobús arrancando. Por fortuna estaba cerca de la terminal y no debí andar mucho cargado.

Konya. Segunda parada

Cuando llegué a las inmediaciones de la terminal, pregunté en un puesto de venta de billetes del tranvía como llegar a mi hotel. Aquí no encontré hosteles, pero el hotel era barato de verdad. Tras preguntar a unas cuantas personas, además de al empleado del tranvía y ninguno hablaba inglés, apareció Hüsseyin, con el que por fin me pude entender.

Me dijo que llevaba la misma dirección y que me acompañaba. No imaginé que lo haría hasta la misma puerta. Tuvimos que preguntar ya que no conocía la calle y para mi sorpresa no me pidió nada a cambio. Algo habitual como había podido comprobar hasta ese momento. Una buena persona que no volví a ver, pero con la que mantengo contacto por Facebook. Gracias Hüsseyin por tu amabilidad y tu tiempo.

Ya en el hotel pregunté dónde encontrar el billete de tren que me llevase a Ankara. Desde Konya a Ankara hay tren directo y es de los rápidos. Me indicaron una agencia de viajes a la vuelta de la esquina y lo que en internet me decía que eran 145TL en la agencia fueron 25TL. Una rebaja considerable y que agradecí de verdad. Ya tenía mi siguiente paso controlado.

De la agencia me dirigí al Museo Mevlana pero cerraban a las siete de la tarde. Tendría que esperar al día siguiente por la mañana antes de que mi tren a Ankara partiese, para visitarlo.

Visitando Konya y buscando el Sema

Durante el paseo por las inmediaciones entré en una zona que creí que pertenecía al museo, sin embargo era una zona comercial muy bien cuidada y donde de repente unos turcos que estaban sentados a las puertas de una tienda me llamaron la atención con alguna broma dedicada a mi sombrero. Simpáticos y amables, entablé con ellos una conversación muy divertida.

Trabajaban en la tienda de souvenirs y me invitaron a un té turco, que por cierto me encanta. Mustafa y Gürhan me indicaron que esa noche en el Centro de Cultura Mevlana se celebraba el famoso SemaCeremonia Mevlevi. Había preguntado desde mi llegada a la ciudad donde podría verla y hasta ese momento nadie había sido capaz de decirmelo. Mi alegría fue inmensa ya que era el principal motivo por el que visitaba Konya.

Cuando cerraron la tienda Mustafa y yo fuimos al Centro de Cultura Mevlana. Con él y otro de sus colegas Emre -que tiene una tienda de souvenirs en el mismo centro- estuvimos hablando de todo un poco hasta que comenzó la ceremonia.

La situación en España comparada con la de Turquía. Los sucesos y la situación en Gaza -por lo que los turcos están muy sensibilizados-. Conversaciones serias mezcladas con bromas y temas más distendidos como mi viaje. Con Mustafá que chapurrea el español, aún fue más divertido y ayudó su simpatía.

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Terminada la ceremonia Mustafa me acompañó hasta la plaza del Museo Meblana. Antes de despedirnos me recomendó no pasear mucho por la zona por la inseguridad. Como al día siguiente tenía el propósito de visitar el museo que abría a las nueve y después a las once tenía el tren a Ankara salir no entraba en mis planes, así me dirigí directamente al hotel.

La visita al Museo Mevlana

El museo es una antigua mezquita y la verdad es que mereció la pena verlo y casi perder el tren. Comprendí mucho mejor la antigua cultura sufí y pude ver, en un recorrido bien organizado, todos los elementos que rodean esta orden musulmana fundada por los discípulos del gran poeta Sufí Jalal al-Din Muhammad Rumi.

Iba con tiempo a la estación, lo prefería a ir corriendo y ajustado. Pero de repente el idioma me jugó otra mala pasada. Pregunté por el minibús, uno que llevaba directamente a la estación de tren, y el conductor al que lo hice me indicó uno distinto y que llevaba a la estación de autobuses. El malentendido me hizo perder un tiempo precioso que tuve que recuperar a la carrera.

Me bajé del minibús en cuanto pude y afortunadamente me quedaba un viaje para el tranvía, me había sobrado del primer día y lo había guardado, aunque se me había pasado por la cabeza regalarlo.

Con ese viaje llegué hasta la Plaza Alaaddin y ya allí me subí a uno de los tres autobuses que acercaban a la estación de ferrocarril. Tuve que andar rápido para llegar a tiempo y no perder el tren Ankara. Quizás los horarios no sean muy estrictos -pensé- y afortunadamente además, cuando llegué, vi que delante de mí todavía había mucha gente esperando para acceder al andén. Me dio tiempo a tomar un respiro, recuperarme de la carrera y subir al tren sin mayor problema.

El viaje en tren en Turquía

Turquía a pesar de su extensión no tiene una red de ferrocarril muy extensa y la que hay prácticamente es de tren de alta velocidad que une Ankara, la capital, con Estambul y algunas otras ciudades como Konya.

Ya en el tren sentado en mi butaca y respirando tranquilo intenté conectarme a internet con el wifi disponible para los viajeros. Quería revisar cosas o bien en el móvil o bien con el ordenador, pero mi intento resultó en vano. Resulta que para acceder al internet del ferrocarril tienes que tener un número de ID turca, por lo que como extranjero lo tienes crudo. Una formalidad que me molestó y me hizo sentir discriminado. Afortunadamente el viaje fue solo de una hora y media y pasó rápido. Me relajé.

En la estación de Ankara me esperaba Berna, una amiga que había conocido en Fethiye como clienta del hotel donde hice mi voluntariado y con la que había mantenido contacto desde el día que se fue a través del chat de Facebook.

Ankara. Tercera parada

En la estación me encontré con Berna en la puerta y después de tantos días chateando por fin nos veíamos de nuevo en persona. Fue una alegría mutua. Desde la estación decidimos ir andando hasta el cercano Parque Genclik donde buscamos un restaurante donde comer y charlar sin una pantalla de ordenador de por medio.

Nuestro mal inglés dificultó un poco la comunicación, pero con el buen rollo existente era solo motivo de risas. Finalmente solo comí yo y me invitó ella. Después nos dirigimos a buscar mi hotel para pasar esa noche en Ankara.

De nuevo tomamos la decisión de ir paseando. No era un trayecto largo, pero la cuesta arriba de la avenida principal hizo mella en mi. Cuando llegamos, tras preguntar varias veces, hice el chek-in y subimos a mi habitación para, sobre todo, recargar mi móvil de cara al paseo posterior y poder usarlo como cámara.

Pude por fin revisar algunas cosas en internet y cuando nos llamaron de recepción para que Berna abandonase la habitación salimos a conocer un poco la capital turca.

Conociendo Ankara

Ankara estaba fuera de mi recorrido, pero tras conocer a Berna decidí incluirla para volver a vernos. Lo primero que visitamos fue el castillo que corona la ciudad. Un lugar bello pero mal mantenido, necesitado de reparaciones y reformas urgentes. Entre otras cosas la mejora de la seguridad en los muros, ya que un traspiés puede llevarte a caer al vacío, y la altura es mucha. Anduvimos con mucho cuidado.

Después de la visita bajamos a la ciudad andando. La subida la habíamos hecho en taxi ya que era mucho el desnivel y preferimos reservar las fuerzas para la visita al castillo. La zona por la que bajamos era antigua y bella y de allí nos dirigimos a una más turística donde paramos a descansar y tomar algo. El bar donde estuvimos tenía la habitación de los recuerdos, discos, casetes, vídeos, viejos aparatos reproductores de estos formatos y libros.

Cuando cayó la noche seguimos con el paseo y el Parque Genclik, que había visto por la mañana, fue nuestro punto de despedida. Yo me fui al hotel y Berna a su casa.

Capadocia, siguiente destino

La mañana siguiente la quería haber aprovechado para ir a las distintas embajadas de los países de Asia Central, pero encontré un autobús que me llevaba a Capadocia a las 11h de la mañana y decidí cambiar mis planes para viajar temprano. No era un viaje de muchas horas, pero prefería llegar con la luz del día y así aprovechar lo máximo mi tiempo para conocer esta zona tan alucinante de Turquía.

Cuando me dirigí hacia la estación de autobuses tuve primero que buscar el minibus que me llevase. Al preguntar a Serkan y Gemil me indicaron -estaba al lado- y mostraron curiosidad por mi nacionalidad. Su pregunta hizo que charlásemos un rato y me invitaron a un té para explicarles algo de mi viaje. De nuevo la barrera del idioma fue una dificultad, por lo que la charla no se extendió mucho.

Quedamos que mi próxima visita a Ankara les llamase -me dieron sus números de teléfono- para conocernos mejor y enseñarme la ciudad. Una pena ir con el tiempo tan justo y no haber compartido un rato más largo con ellos. Muy buen  gente.

Llegué a la terminal sin mayor dificultad, encontré mi autobús rápidamente y al poco me dirigí a una de las partes más bellas de Turquía: la Capadocia.  Concretamente elegí Göreme para pernoctar.

Pero esto es parte de la historia para la segunda parte sobre mi periplo turco y la despedida de este bello y fantástico país.

Hasta entonces, como siempre…

¡Pura Vida!

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