Indonesia VI: Nuevo viaje por los mares del Sudeste Asiático

Indonesia VI: Nuevo viaje por los mares del Sudeste Asiático

De nuevo me hacía a la mar, esta vez para cruzar de Java a Sulawesi. Intuyo que esta será mi forma de viajar durante todo mi periplo por esta parte del mundo, donde las islas forman países e incluso continentes, como el de Oceanía.

Lo que espero que no me vuelva a suceder, es lo que viví en Surabaya desde el momento que llegué a la ciudad y que te conté en el anterior artículo dedicado a Indonesia. Ahora conocerás algún detalle más de la espera en el puerto y sobre todo del viaje que compartí con Ruslan, hasta la llegada a su ciudad Belopa, en Sur Sulawesi en la provincia de Luwu.

En el puerto de Surabaya: La espera

Después de más de 12h en un hangar con mucho calor y sin recibir ningún tipo de explicación, o simplemente, información de que estaba ocurriendo y cuando saldríamos, por fin y cuando estábamos fuera del puerto cenando un nasi goreng (arroz frito indonesio y malayo), al volver, tuvimos que ir hacia la terminal bastante rápidos, creyendo que llegábamos tarde, para hacer el control de billetes y que nos entregasen una pulsera que nos acreditaba como pasajeros.

De esta zona de la terminal, muy moderna por cierto, parecida a la de un aeropuerto, pasamos a la zona de espera con una gran cantidad de: asientos cómodos, TV, baños decentes y limpios, todo hay que decirlo, pero allí nos tuvieron alrededor de tres horas más, así que la carrera no habría sido necesaria. Cansado de esta nueva espera y tras más de una hora fui a protestar al empleado que todavía estaba en su puesto, no conseguí nada, bueno sí, una llamada a un superior, pero me quedé como estaba. Tras otras dos horas más en la misma situación volví, y aquí hubo reacción, ya que, seguidamente, nos llamaron para embarcar.

Por fin hemos embarcado

Ya en el barco, colocados y con mis mochilas en lo que se puede considerar una cama, pero que es el suelo directamente, tuvimos que esperar ¡¡¡¡4 horas más!!!! El motivo en este caso fue, que tenían que embarcar todos los camiones que estaban esperando en el puerto y había más de 12. Cada uno tardó alrededor de los 20min de media entre maniobras y colocación en la bodega.

Ahora tocaba pedir explicaciones a algún empleado de la tripulación, quizás ellos sabrían contestarme porque el retraso había sido tan largo y nadie en el puerto nos había dicho el motivo. Tri, que es con quien hablé se mostró en todo momento amable y comprensible conmigo y me intentó explicar que todo se debía a que el barco no podía entrar en el puerto hasta la tarde, ya que la baja mar se lo impedía y que habían, por supuesto, avisado a las oficinas de esto para que ellos nos informasen del retraso. Una explicación que di por buena y tras la cual entablé una conversación con Try y Hendra, su compañero, que se alargó hasta casi la salida del barco, a pesar de mi cansancio.

Necesitaba cargar mi nuevo móvil y también el cargador que llevo extra, ya que del uso de todo el día estaban vacíos. Había una especie de mueble con enchufes donde poder conectarlo, pero no tenía llave y eso no me dejaba tranquilo, así que me dirigí de nuevo a Tri y le pedí que si tenía esa llave. Su respuesta -«la teníamos, pero los pasajeros no la devuelven y no hay copias» -¿eh? y ¿no podéis hacer más?, -«no, no las hemos hecho».

Finalmente en un chequeo a la taquilla, que controlaba continuamente con el rabillo del ojo, para comprobar la carga de la batería y viendo que solo llevaba 16% en un par de horas, Hendra me ofreció enchufarlo en la zona de atención al pasajero, que estaría más seguro y se cargaría más rápido, ya que la corriente era de 220V, no de 125V como en los casilleros.

Sobre las 5am decidí que tenía que descansar, por entonces también se había unido a nosotros otro de los tripulantes Endra, más joven y que me dijo me podría informar al día siguiente de las opciones para viajar entre Indonesia y Filipinas, así que me despedí de ellos y me fui a mi suelo particular. Pude dormir y parece ser que salimos de puerto una hora después. Admirable el esfuerzo de todos ellos, ya que hasta que el barco no saliese no podían retirarse a descansar y llevaban todo el día en el barco sin parar, por un sueldo, según me contó uno de ellos, que en España consideraríamos un insulto, pero que en estos lares, es lo que hay y lo aceptas o muchos otros ocuparán tu lugar sin rechistar.