La Vuelta al Mundo Sin Prisas

Cómo preparar una vuelta al mundo y cumplir un sueño. Parte I

En esta primera parte dedicada a cómo preparar una vuelta al mundo, os explico los tres primeros pasos que di cuando yo decidí cumplir mi sueño de viajar.

Cómo preparar una vuelta al mundo y cumplir un sueño. Parte I

En esta primera parte dedicada a cómo preparar una vuelta al mundo, os explico los tres primeros pasos que di cuando yo decidí cumplir mi sueño de viajar.

Cómo preparar una vuelta al mundo y cumplir un sueño

Una vuelta al mundo. En esta primera parte de lo que va a ser una trilogía te voy a explicar cómo prepararla para cumplir un sueño.

Y lo haré con mi ejemplo: contando por qué tomé la decisión, cómo me organicé y qué pasos seguí. 

Ahora mismo, después de más de tres años, estoy a miles de kilómetros de mi casa y sigo viajando.

El primer paso: la decisión

Algo que es obvio y que, a pesar de ser lo más importante, se suele pasar por alto: la decisión firme de hacerlo, aun cuando las circunstancias no nos sean favorables.

En el momento en el que tomé la decisión, yo me encontraba intentando salir de una depresión. Sin un horizonte en mi vida sin un duro. Perdiendo amigos y personas cercanas y queridas -la de mi madre y mi tío (su hermano) fueron las más dolorosas-.

En ese momento solo tenía un camión lleno de cosas inútiles que había ido acumulando con los años y que lo único que me aportaban -diré mejor añadían– eran gastos para moverlas. Unos gastos, además, que requerían de un capital que no poseía.

Una discusión: motivo principal

El detonante fue una discusión que tuve con un amigo que me acogía en su casa y al que estaba ayudando en una obra de reforma. Con el mundo que se me venía encima y compadeciéndome de mí mismo, dije “¡Basta!”: empecé a espabilar y ello me proporcionó el  motivo principal para plantearme mi futuro.

Tras la reconciliación con mi amigo y habiendo tomado ya la decisión de hacer el viaje y vender todo lo que tenía para financiarlo, se lo conté a él y las palabras fluyeron solas, sin ninguna duda en lo que quería hacer.

Eso que se llama intuición me decía cuál era mi futuro y qué era lo que quería y debía hacer: nada más y nada menos que dar la vuelta al mundo. Me emocionaba solo de pensarlo.

Al principio, mi amigo se mostró incrédulo; pero mi seguridad en lo que le estaba contando le hizo ver que estaba hablando muy en serio y, con la amistad recuperada, me ofreció todo su apoyo. Pude seguir viviendo en su casa el tiempo necesario para organizarme.

Las señales para dar la vuelta al mundo

Hablé con otro amigo residente en la misma casa y él me comentó que con su nueva pareja estaba preparando un viaje, organizado de otra manera, pero también para dar la vuelta mundo.

Otro día vi un documental en TV sobre la historia de Albert Casals: un adolescente español que se iba con su novia, 20 € en el bolsillo, su silla de ruedas, mucha determinación y el apoyo incondicional de sus padres a dar la vuelta al mundo. Su idea era recibir la ayuda de quienes se encontrase por el camino, vivir una experiencia única y convertir su sueño en realidad.

El título del documental es Món Petit  -en este enlace de YouTube puedes ver una entrevista donde cuenta sus experiencias viajando-.

Fue este documental lo que me inspiró y  despertó de nuevo en mi interior ese viejo sueño de viajar y conocer el mundo para aprender y enriquecerme. Este es el tráiler de aquel documental.

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Tomando decisiones para cumplir el sueño

El siguiente paso, y posiblemente la decisión más importante, fue quitarme la mochila en formato camión que cargaba. Vendería todo lo que tenía, o todo lo que me quisieran comprar, y con ese dinero comenzaría mi aventura. Junté 14.000€ -aunque todavía estoy esperando cobrar la mitad de esos euros- y quedaron cosas por vender.

Mis dos casas -una que aún estoy pagando y la otra, parte de una herencia-, que iban a ser lo que más dinero me proveería, fueron algunas de esas cosas que quedaron pendientes de venta. Sin embargo, esto no podía ser ningún freno para empezar el viaje.

Todavía confío en poder contar algún día con ese dinero, que me daría la posibilidad de comprarme unas botas nuevas o una cámara, por ejemplo, o visitar lugares que ahora mismo quedan fuera de mis planes por tener que usar el dinero para lo imprescindible: comer, viajar, desplazarme y tener un sitio donde dormir.

Aunque algo que tengo claro es que no variaría ni el planteamiento ni la filosofía del viaje tal y como está siendo hasta ahora: haciendo voluntariados por el mundo -pero esto te lo contaré más adelante-.

 

¿Qué rumbo seguir?

Aquí había otro dilema: cuatro rumbos a elegir.

El norte: Europa. Desde España es un viaje corto y empezar por el tejado, como que no. Además, la moneda común y otras monedas europeas, al ser monedas fuertes, acabarían con mis ahorros en poco tiempo.

El sur: África. Es parte del sueño del viaje. Sin embargo, cuando empecé a prepararlo, en agosto del 2013, las circunstancias no eran muy favorables -con varias guerras y enfermedades muy peligrosas instaladas en el continente-. Me dio respeto, aunque no miedo; pero no soy ningún héroe. Ahora espero que cuando llegue el momento de atravesarlo las cosas hayan cambiado; no solo por mí, sino también -y sobre todo- por sus habitantes.

El oeste: América. Casi todos los países comparten el mismo idioma que el mío y donde tengo un montón de amigos que serían un soporte. Muy fácil. Lo descarté para empezar.

El este: Asia. Tendría que atravesar Europa del sur y además presentaba la desventaja de los idiomas, sobre todo asiáticos; mas esto era precisamente lo que más me atraía. Entre otras cosas, podría mejorar mi pésimo inglés y también cumplir otro sueño: conocer China y el Sudeste Asiático. Por otro lado, nunca había visitado Asia.

Tomada la decisión del rumbo a seguir en mi vuelta al mundo, ahora tenía que decidir la fecha de partida.

La fecha de partida

La elección del cuándo fue de lo más difícil. Los días pasaban, mas nunca te sientes lo suficientemente preparado. De la fecha de salida dependen otros aspectos del viaje.

Y un día de diciembre tomé la decisión. Partiría a mediados de marzo del 2014, después de casi 8 meses de preparación: Francia, luego Italia y las nuevas repúblicas surgidas de la antigua Yugoslavia, Bulgaria y, a través de Turquía, entraría en Asia.

El resumen hasta ahora

Haciendo un corto  resumen de lo contado hasta ahora, los pasos que seguí fueron: tomar la decisión, decidir el rumbo y poner fecha de salida.

Lo demás vino más bien solo; pero lo contaré en el siguiente artículo, donde daré algunas ideas de cómo viajar de forma más económica y con la ventaja de conocer mejor los sitios donde vas y a la gente con la que convives.

Hasta entonces, tienes tiempo de ir pensando en ello y como siempre…

¡Pura Vida!

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