Australia VI: Una de cal y otra de arena. Nuevo voluntariado en Orange

Australia VI: Una de cal y otra de arena. Nuevo voluntariado en Orange

Ya conté en el anterior artículo que en mi nuevo destino en Australia me iba a encontrar con una de cal y otra de arena ¿Por qué digo esto? Simplemente porque el voluntariado al que fui, es lo que me encontré y ahora lo voy a explicar.

Antes me gustaría contar como fue el viaje entre Melbourne y Orange, pasando por Sydney, que hice en tren y que me llevó más de 18 horas para recorrer la distancia que separa ambas ciudades, con dos trenes y un autobús y sus correspondientes esperas entre uno y otro.

Camino Sydney

El primer tren que me llevaba hasta Sydney y que tardaba alrededor de las 11 horas fue incomodo, sentado durante todo el trayecto y sin posibilidad de estirarte en la butaca, aunque después de todos los kilómetros que llevo acumulados desde que salí de España, algo he aprendido y sobre todo he perdido: la vergüenza a tumbarme en lugares donde la mayoría de los viajeros ni siquiera lo pensarían. Examiné el vagón y detrás de mi asiento encontré un espacio, no excesivamente amplio pero suficiente para, acurrucado, permitirme estar en una posición horizontal y sin causar molestias a los pasajeros que seguían subiéndose en otras estaciones del camino.

Cuando empecé a perder algo la consciencia y dormir, a pesar del trasiego, uno de los revisores del tren en uno de sus paseos, me despertó e indicó que debía de colocarme en mi asiento de nuevo. No le hice mucho caso, seguí en el mismo lugar tratando de volverme a dormir, pero el muy pesado a su vuelta insistió y aunque pregunté el porqué, me contestó con voz seca y antipática que eran las normas y punto. No hubo más remedio, tuve que levantarme y ocupar mi lugar para no generar ningún problema ni discusión mayor y traté de, leyendo, volver a recuperar el sueño, algo que conseguí, aunque no hasta el final del viaje como me hubiese gustado. Desperté dos horas antes de llegar a Sydney y pude asearme y continuar con la lectura donde la había dejado, con síntomas de cansancio y algo de mal humor.

De Sydney a Orange, pasando por Lithgow

Poco antes de las 7am estábamos en Sydney y tenía por delante alrededor de hora y media para esperar la conexión que me llevaría también en tren hasta Lithgow, una población a mitad de camino entre Sydney y Orange. En la estación busqué donde comprar un café y despejarme un poco, salí a la calle y cargado con las mochilas me apalanqué en uno de los laterales a fumarme un cigarro y hacer tiempo haciendo algunas fotos a los alrededores.

Cerca de la hora de partir, busqué a un operario de la estación para que me ayudase a encontrar la vía donde estaba mi tren. Amablemente me indicó y llegué con tiempo suficiente para elegir mi asiento, al lado de la ventana, desde donde seguiría sacando fotos del paisaje. Cuando el tren arrancó no tarde mucho en quedarme adormilado y descansar, el trayecto nos iba a llevar aproximadamente tres horas y cuando desperté me quedé fascinado con la diferencia que podía ver en los paisajes australianos, que pasaron de las extensas llanuras, a las montañas, ya que se atraviesan las famosas Blue Mountains de Nueva Gales del Sur.

En Lithgow cambio de nuevo, aquí el tiempo de espera fue corto, solo 15 minutos y del tren al autobús. Si que existe conexión por ferrocarril para llegar a Orange, pero el tren tiene un horario muy restringido. No estuvo mal el cambio, por carretera seguía viendo paisajes increíbles y en poco más de una hora y media había llegado.