Un año viajando y aprendiendo por el mundo
Periplo en China: 2ª parte. La Ruta de la Seda entre Kashgar y Turpan

Periplo en China: 2ª parte. La Ruta de la Seda entre Kashgar y Turpan

Un año viajando y aprendiendo por el mundo

Me tocaba madrugar para llegar a tiempo al tren que salía desde Kashi (Kasgar, Kashgar) con destino a Turpán (Tulufan, Turfán), dos ciudades importantes en la mítica Ruta de la Seda por China y que, siguiendo los pasos de Marco Polo, estaban previstas en mi ruta desde el principio. La salida del tren era a las 8h de la mañana y para ir hasta la estación debía coger un taxi, así que con la experiencia del primer día buscando el hostel, más valía prevenir y no jugármela. Además era mi estreno con los ferrocarriles chinos y sin saber como funcionan las cosas en persona (si que había podido leer sobre ellos) en las estaciones, ni conocer el idioma, mejor llegar con tiempo y sin prisas.

Desperté pronto y con todo preparado de la noche anterior, todavía oscuro, me fui en busca de ese taxi. Encontré uno enseguida y como no, antes de subir, pregunté al taxista si conocía la estación y negocié el precio para no tener sorpresas, respuesta afirmativa y finalmente con la negociación pagué 25 RMB, la mitad del precio inicial, costó convencerle, pero viendo que tenía competencia cerca y que yo estaba buscándola con la mirada, accedió y llegué con tiempo de sobra. Menos mal, porque la cola para acceder a la estación era considerable.

Resulta que en esta zona de China, las cosas no están nada tranquilas y había unos controles férreos para chequear los equipajes y cruzar el detector de metales. Los uigures, que son los habitantes naturales de la región del oeste Sinkiang (Xinjiang), quieren independizarse, ahora tienen una autonomía especial, y al igual que en España anteriormente, algunos energúmenos lo quieren conseguir por la fuerza, por lo tanto el gobierno chino, tiene dispositivos de seguridad muy fuertes  en todas las ciudades, pero sobre todo, en las estaciones de ferrocarril.

Sucedió que unos meses antes de que yo cruzase la frontera en la estación de Urumqi, la capital de Xinjiang, hubo una matanza de chinos de la etnia Han a los que les cortaron el cuello con cuchillos. Debido a ello la policía registró mi equipaje y me encontraron la navaja que llevo en la mochila, me hicieron el gesto de rompérmela y conseguí convencerlos de que era necesaria en mi viaje, dándome la opción de envolverla en cinta de embalar, mantenerla escondida en el fondo de la mochila y no sacarla hasta mi llegada, a lo que accedí sin rechistar. Durante el registro vi a otros occidentales que tenían el mismo problema y ¡bingo! además hablaban español. Les pregunté, colombiana y español conociendo China, al final tanto ellos como yo pudimos salvar nuestras navajas y seguimos avanzando por la estación hasta la puerta de acceso al tren. Allí nos separamos, ellos viajaban en literas todo el recorrido y yo iba en asiento duro, por lo que los vagones eran distintos.

La llegada a mi asiento, en el vagón número 15, fue de lo más cómica. Lleno como estaba el tren, mi espacio lo compartía con una familia de uigures que cuando llegué, me miraron con cara de haber visto a un extraterrestre, miradas cómplices entre las mujeres, supongo que preguntándose quien era ese extranjero que se sentaba con ellos y, risas nada disimuladas. A mi me hizo gracia la expectación levantada, puse mi mejor sonrisa, saludé y me senté dispuesto a vivir más de un día en su compañía. El viaje eran más de 24 horas y quería pasarlo lo mejor posible.

Cuando el tren echo a andar y tras la primera hora de viaje en la que yo cabeceaba, cansado y con sueño, se me acercó un trabajador del tren y me preguntó si yo hablaba inglés, contesté afirmativamente por lo que me invitó a charlar con él un poco más tarde cuando terminase su tarea. Esperé a que volviese y tras algo más de dos horas de viaje Li Wen Tao, encargado del mantenimiento, se acercó de nuevo y me indicó que le siguiese. Llegamos hasta el final del tren, un vagón con camas y medio vacío. Me contó que estaba aprendiendo inglés y que le gustaba hablar con los forasteros que viajaban para practicar y mejorar. Yo le avisé que mi inglés no era perfecto, ni siquiera bueno, pero no le importó y decidimos practicar juntos y ayudarnos mutuamente. Durante nuestra conversación Li me preguntó si me interesaba una cama para pasar la noche, ya que él con toda seguridad me la podría conseguir, le confirmé que la buscara y tras una charla animada nos fuimos al vagón restaurante a comer. Una suerte haberlo conocido antes de la hora de la comida, ya que al ser amigo suyo conseguí el menú por la mitad de precio: 15RMB, algo que le agradecí enormemente por ayudarme a ahorrar un dinero.