segunda experiencia como voluntarios
La Vuelta al Mundo Sin Prisas

Segunda experiencia como voluntarios en La Vuelta al Mundo Sin Prisas

Nuestra segunda experiencia como voluntarios de Workaway en La Vuelta al Mundo sin Prisas en Francia. De nuevo satisfechos del trabajo y la ayuda compartida.

Segunda experiencia como voluntarios en La Vuelta al Mundo Sin Prisas

Nuestra segunda experiencia como voluntarios de Workaway en La Vuelta al Mundo sin Prisas en Francia. De nuevo satisfechos del trabajo y la ayuda compartida.
segunda experiencia como voluntarios

Segunda experiencia como voluntarios en La Vuelta al Mundo Sin Prisas

Se cumplen cinco semanas de nuestro periplo. Francia durante este tiempo ha sido nuestro hogar. Murs un pequeño pueblo de La Provenza francesa nuestro segundo destino en nuestra experiencia como voluntarios a través de Workaway en La Vuelta al Mundo sin Prisas.

La familia

Ya os hemos hablado de pasada en alguno de nuestros últimos artículos de la familia que nos ha acogido. En principio estaban previstas dos semanas como en L’Isle-Jourdain, aunque por imprevistos del camino –Alessandra nuestra nueva anfitriona en Sassello (Italia) nos pidió retrasar el viaje unos días- tuvimos que permanecer tres ayudando a Scott, Sally y compartiendo momentos inolvidables con Jude y Miller, los pequeños de la casa.

Evidentemente echaremos de menos a los cuatro, pero el cariño que desprenden los niños es difícil de olvidar y estos dos pequeños han dejado un grato recuerdo en mi memoria, que cuando crezcan espero recordar con ellos a través de las fotografías, si nos encontrarnos en algún lugar del mundo.

La otra familia

En Au Temps Jadis, nombre de la vila de Sally y Scott, conocimos también a otros miembros de la familia de dos y cuatro patas.

Las gallinas Blonde Bird, Henny Penny y Grey Bird y los gallos Cock Head y Cocky Locky fueron nuestros fieles compañeros mientras hacíamos las tareas que nos encomendaban durante la mañana, entre otras cosas porque con nuestro trabajo les descubríamos los insectos y raíces que tanto les cuesta encontrar por si mismos y les encantan. Menudos huevos nos comimos por esto y el cuidado que se les dispensa en la casa.

Por otro lado los perros Indy y Marvin, madre e hijo, eran nuestros mimosos compañeros en muchos momentos, aunque al principio les costó reconocernos y siempre tenían un gruñido para recibirnos, sobre todo Marvin.

Con los gatos Lilly y Mr Beav-Janojes apenas tuvimos contacto, pero eran tranquilos y como cualquier gato, a su rollito.

Los grandes de la granja eran los caballos, un precioso macho marrón cobrizo llamado Helpana y la yegua Kizzy, a la que el pony Poly no dejaba ni un momento. Era gracioso ver a un pequeño y rechoncho pony ahuyentar a un gran caballo como Helpana para que no se acercase a su chica.

Al parecer el pony es el jefe de la manada y gasta malas pulgas. Con ellos trabajamos el antepenúltimo y penúltimo día recogiendo sus excrementos y arreglando el área que ocupan, para que se encontrasen a gusto y contentos.

Helpana siempre tenía un saludo para Antonio y para mi, a Poly casi ni acercarse y Kizzy tranquila esperando la caricia. Una gran experiencia que mis manos recordarán por un tiempo.

La comida

A diferencia de lo que tenemos como costumbre, en casa de Scott y Sally la comida la hacíamos en nuestro apartamento y para nosotros, pero la cena era compartida con la familia y ahí cocinábamos todos.

De echo, tuve la oportunidad de poder cocinar para ellos en diferentes ocasiones y poder así mostrar mis habilidades culinarias: tortillas de patatas, escalibada, humus, paella, ensaladas… que fueron degustadas con alegría. Incluso a los pequeños les gustaron, eso sí, algunas más que otras y los pequeños son la prueba de fuego.

Decir también que Sally es una gran cocinera y nos deleito con platos exquisitos en la mayoría asiáticos: arroz tailandés, arroz frito chino, pasta, ensaladas y como no ¡postres!: tartas, flanes… algo que hace genial y que después de la comida me hacía disfrutar como goloso que soy.

Por último añadir que Brigitte una francesa que aprendía inglés con Sally, intercambiaba estas clases por una cena a la semana, de la que pudimos disfrutar dos viernes consecutivos. Brigitte se dedica a cocinar por encargo en las casas de sus clientes y tiene organizada una empresa para este menester.

El trabajo

Comenzamos pintando y restaurando los muebles de la piscina y el jardín, para pasar posteriormente a recoger las hojas caídas durante las estaciones frías y la madera cortada como leña para la estufa.

Tuvimos que hacer agujeros y zanjas y como ya he comentado recoger los excrementos de los caballos. El último día nos reservaban una tarea mucho más ardua y dura: aplanar una zona de la piscina y sacar las rocas del suelo para poder sembrar en el futuro y ¡menudas rocas!. De nuevo mis manos se acordarán por un largo tiempo del trabajo.

Pero aunque en algunos momentos el trabajo fue duro nos dio la oportunidad de aprender a hacer nuevas cosas que seguro nos vendrán bien en el futuro. Además de eso se trata de aprender y poder después ayudar con la experiencia.

Añadir que los amigos americanos de Sally y Scott, Jaime y Rebeca, nos ofrecieron un trabajo adicional: teníamos que descargar un contenedor que traía algunos muebles desde su Pensilvania natal para la casa de reposo en Francia. No pudimos rechazar la propuesta, además de por ayudar, también porque la propina que nos dieron vendría muy bien para el viaje.

Un poco de turismo y de historia

Con Sally pudimos hacer turismo por la zona a la que pertenece Murs, la Provenza Alpes-Costa Azul, una de las áreas más bonitas del país.

Murs, en el Parque Nacional Luberones fue el lugar de nacimiento del legendario guerrero francés Crillon The Brave (1543-1615). Muy cerca está la abadía cisterciense Notre-Dame de Sénanque en un barranco a pocos kilómetros de Gordes, que fue fundada en 1148 y que al parecer sigue siendo una abadía de trabajo, con el número de visitantes muy controlados a fin de no perturbar su calma contemplativa.

Los monjes se ganan la vida con la lavanda y la producción de miel. A unos 15 km de Gordes, la ciudad comercial de Apt se jacta de que es “la capital mundial de la fruta confitada”.

Esta industria se remonta a la Alta Edad Media, cuando la fruta se conservaba en miel. La antigua tradición sigue viva y hay buenos ejemplos de la fruta confitada, incluyendo las cerezas, albaricoques, higos, peras y ciruelas que se pueden comprar en la ciudad.

El mercado semanal de los sábados en Apt ha tenido lugar desde la Edad Media.

También pudimos estar en una competición equina en otro bello pueblo llamado Caseneuve. Sally es una gran amante de los caballos y amazona -ya os he presentado a sus tres ejemplares- y quería verla, así que la acompañamos y la verdad es que fue divertido.

El adiós

Como en L’Isle-Jourdain durante nuestra primera experiencia como voluntarios, en Murs podemos decir, tras nuestra segunda experiencia, que nos vamos con la sensación de haber ayudado realmente a la familia de Scott y Sally, y ellos nos lo agradecieron con una cena de despedida.

También he de decir que fallé en un detalle, esa última semana fumé más de la cuenta y no respeté el compromiso de no fumar dentro de casa. Lo hice al lado de la puerta del balcón, pero para un “no fumador”, es lo mismo que hacerlo en casa.

Así que me gané una bronca y no me quedo más que limpiar a fondo la casa y pedir humildes disculpas por mi error. Ambos las aceptaron y pudimos entonces tener una cena de despedida en armonía.

Al día siguiente por la mañana, temprano, Sally nos dejó en la parada del autobús que nos debía de llevar hasta Aviñón, donde cogeríamos un tren a Marsella y de aquí a Niza, para pasar el fin de semana relajados y recuperando fuerzas, pero esto es otra historia y tendrá su artículo en el blog.

Hasta entonces y como viene siendo habitual…

¡Pura vida!

Merci!!! Au Revoir!!!

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