Periplo en China VIII: Voluntariado en Dongguan y celebro el 2015

Periplo en China VIII: Voluntariado en Dongguan y celebro el 2015

Cuando terminó mi tiempo en Huangshan, estaba con ganas de cambiar, no porque me encontrase a disgusto en el hostel donde trabajé durante un mes y medio como voluntario, sino porque un frío intenso se instaló en la ciudad desde primeros de diciembre y trabajar sin aire acondicionado, como ya comenté en el primer artículo dedicado a Huangshan, me estaba afectando considerablemente. Tenía un catarro que empeoraba con los días y hacía que mi moral bajase por momentos.

El próximo destino era Dongguan al sur, en Cantón, donde las temperaturas, si bien seguían siendo frías por la época del año, se suavizaban y me ayudarían a recuperar la salud. El tren partía de Huangshan de noche, tendría por delante más de 16 horas para llegar y además no lo hacía directamente a la ciudad, sino que tenía que cambiar en la estación de Dongguan Dong, que viene a ser estación del este de Dongguan y estaba a unos 40 km de mi destino final, con otro cambio más de estación entre medias.

Este pequeño detalle hacía que tuviese que buscarme la vida para poder llegar a la estación de Dongguan, en la misma ciudad, donde Dumpling mi anfitriona me estaría esperando para llegar a mi nueva casa, el último destino previsto en el gigante asiático durante esta 1ª parte del viaje.

El viaje al ser en vagón litera, que por cierto, pagaron Joe y Edison cumpliendo con el acuerdo al que llegamos antes de ir a trabajar con ellos, fue tranquilo, pude descansar y llegar relajado. A la salida de la estación y como siempre, un montón de taxistas esperando para ofrecer su viaje, muy barato, para llegar a mi destino, aunque como no podía permitirme ese lujo me los quité de encima y avancé, hasta llegar a la altura de un puesto de la policía donde pregunté, por otras opciones de transporte.

En busca de mi siguiente tren

Ahí me encontré con el handicap del idioma, así que Liu Hui, el policía, muy avispado me sugirió llamar a quienes me estaban esperando para poder hablar con ellos y saber que es lo que necesitaba y quería. Llamé a Dumpling y entabló una conversación con el policía que al finalizar, me pidió que le acompañara. Durante este tiempo alrededor nuestro se arremolinaron un montón de personas que no paraban de hacer gestos y hablar con sonrisas de oreja a oreja, podía imaginar que era lo que decían, el policía les pidió que se dispersaran, volviesen a sus que haberes y nos dejasen tranquilos.

Me acerqué con el policía hasta la comisaría y volvimos a llamar a Dumpling que en ese momento me explicó que tenía la opción de una taxi o un autobús hasta la estación de Changping y de allí con otro tren llegar hasta Dongguan. El policía entendió que estaba totalmente despistado y tardaría en encontrar el buen camino, así que llamó a tres compañeros suyos y me invitaron a acompañarlos.

No estaba muy seguro de donde, pero cuando abrieron la puerta trasera de la tanqueta antidisturbios y me ayudaron con las mochilas entendí que iban a hacerme el favor de llevarme hasta la próxima estación, como así fue. Ya allí avisaron a sus compañeros que estaban haciendo vigilancia y estos me acompañaron hasta la taquilla, me ayudaron a comprar el billete y posteriormente me acompañaron hasta la puerta por donde debía de acceder, dando instrucciones al personal de la estación para que me ayudasen a entrar en el tren cuando debía de hacerlo.

Sin querer ni esperarlo había tenido una escolta de lujo. Fue todo fácil, varios trenes van en la misma dirección, así que incluso pude ir en uno que pasaba media hora antes que el mío. Un tren rápido, que para nosotros es el AVE. En 10 minutos estaba en Dongguan. Seguí las instrucciones de Dumpling y esperé a que llegase a recogerme, no sin antes preguntar a Wong Chi, un viajero chino que hablaba inglés y me ayudo con su teléfono a avisarla de que ya estaba allí.

La familia y los voluntarios

Dumpling se retrasó un poco según el horario acordado, pero para mi era un detalle sin importancia, ya que estaba donde tenía que estar y la buena temperatura del ambiente me hacía sentir muy bien, además me daba tiempo a pensar en lo que había vivido con la policía china, que nuevamente me volvió a sorprender con su amabilidad y disponibilidad para ayudar. Cuando llegó Dumpling no