Ifalik
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Pescando y navegando en Ifalik (Micronesia)

Una experiencia inolvidable en Ifalik un pequeño atolón en el estado de Yap. Navegando y pescando en canoa tradicional micronesia. Lo hice dos días: uno con sol y buen tiempo, el otro con tormenta. Con suerte dispar en las capturas cada día, pero fueron hermosos atunes aleta amarilla.

Pescando y navegando en Ifalik (Micronesia)

Una experiencia inolvidable en Ifalik un pequeño atolón en el estado de Yap. Navegando y pescando en canoa tradicional micronesia. Lo hice dos días: uno con sol y buen tiempo, el otro con tormenta. Con suerte dispar en las capturas cada día, pero fueron hermosos atunes aleta amarilla.
Ifalik

Pescando en canoa tradicional en Ifalik

Ifalik, un atolón en la Micronesia que pertenece al estado de Yap que se encuentra a una distancia de 400 millas náuticas. En esta pequeña bahía pasamos 12 días anclados, enfrente de una isla realmente especial del Pacífico norte, cercano al ecuador de la tierra.

El mismo día que llegamos un pescador local llamado Melvin, se acercó al barco a presentarse y saludar mientras yo me daba un baño en sus aguas cristalinas. Charlando con él, me invitó a salir a pescar para conocer cómo lo hacen y también a navegar en una canoa tradicional de la Micronesia, común también en el Pacífico sur. Por supuesto acepté y pude vivirlo en dos jornadas diferentes: una con el día soleado y la otra con tormenta. Una buena forma de conocer el difícil trabajo de estos pescadores tradicionales en algunas ocasiones.

La pesca en mar abierto

La pesca se desarrolla en mar abierto, aunque cerca de los arrecifes que rodean las islas y que también se han encargado de su formación, ya que son de origen coralino. Por ello el nombre de atolones.

Pescamos ambos días atunes aleta amarilla, el primer día con más suerte que el segundo. Tres piezas, dos de ellas muy hermosas con una luna llena perfecta y el sol luciendo, en mi primera salida. En la segunda, únicamente un atún, también hermoso, pero con vientos fuertes y lluvia.

Del atún pequeño del primer día dimos buena cuenta todos los navegantes de barcos que estábamos anclados en la bahía. Melvin el pescador me lo regaló por haber participado de la expedición del día y me comprometí con él a invitar a todos ellos.

Una experiencia inolvidable en un lugar encantador y del que guardaré siempre grandes recuerdos. También por la generosidad y amabilidad de sus gentes.

Es un vídeo sin palabras, solo música e imágenes. Espero que lo disfrutes.

¡Pura Vida!

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