Malasia II: Aprendiendo del bambú en Lanchang

Malasia II: Aprendiendo del bambú en Lanchang

En mi anterior artículo que dediqué a Bamboo Village, al final escribí que dedicaría este, el siguiente, a la capital malaya Kuala Lumpur, donde he estado varias veces desde que llegué a Malasia, pero he cambiado la idea para dedicarlo a mi segundo voluntariado en este país del Sudeste asiático, donde he estado alrededor de un mes. Sí, cierto, mucho tiempo sin escribir en el blog y pido disculpas por ello a los que os gusta seguir mi aventura.

El nuevo voluntariado

Un voluntariado que surgió mientras trabajaba en Bamboo Village una mañana de sábado adecentando el jardín y cuando aparecieron por allí un par de personas que me hicieron algunas preguntas que contesté amablemente, como no podía ser de otra manera, pensando que serían posibles clientes interesados en pasar unos días alojados. Al poco de comenzar la conversación supe que no venían con esa intención, ya que uno de ellos era un voluntario en una granja a unos 100 km de Kuala Lumpur, y el otro era el propietario de dicha granja, amigo de Ramadhan y que estaba acompañando con su coche al voluntario hasta al aeropuerto. Esto que es lo normal y con lo que me he encontrado en todos los voluntariados donde he estado, se me había olvidado en Bamboo Village, donde la norma es que los voluntarios se busquen la vida para ir y venir del lugar, por lo tanto me sorprendió y gustó el gesto de Adnan con Steve.

En esa conversación interesado por el lugar Adnan me ofreció venir a su finca cuando quisiese y colaborar con él. Pregunté si su finca estaba anunciada en las páginas web que utilizo normalmente: Workaway y Helpx, para poder echar un vistazo y decidir que hacer, pero no, iba a ser un voluntariado independiente, como ya me había sucedido en otros países, que había encontrado a través de amigos.

Yo por aquel entonces llevaba algo menos de dos meses en Bamboo Village y aunque es un sitio muy especial, mi cuerpo y espíritu necesitaban un cambio y movimiento. Había enviado algunas solicitudes a través de las páginas mencionadas, quizás no las suficientes, pero me encontré con la mala costumbre de algunos anfitriones de no contestar, ni de forma positiva, ni negativa a tus correos. Así que la oferta de Adnan me abrió una opción que no contemplaba.

En un momento dado, cuando Steve se quedó a solas conmigo pregunté por el lugar y el me contestó que estuviese tranquilo, el sitio era parecido a Bamboo Village, aunque mucho más grande, el trabajo era llevadero y la familia de acogida muy amable y que en definitiva me gustaría.

Ahora tenía que decidir cuando arrancar y moverme y aquí entraba la contradicción de tu cabeza con tu corazón. Una me decía que siguiese en Bamboo Village, el otro que tenía que moverme. Así que después de unos días pensando y valorando, decidí llamar a Adnan y preguntarle si tenía plaza para mi y ayudarle un tiempo. El me contestó que sí, que adelante, y quedamos en que el siguiente fin de semana le llamaría cuando estuviese de camino en el autobús que entre Kuala Lumpur y Lanchang en dirección noreste.

Así que el sábado por la mañana al amanecer desperté y tome dirección hacia Lanchang. Mientras esperaba al autobús que me llevaría desde Hulu Langat, distrito donde está Bamboo Village, hasta el centro de la ciudad y estaba escribiendo un mensaje de despedida a Ramadhan, este apareció por la carretera con su moto y pudimos hacerlo en persona, algo que me alegró ya que la noche anterior no habíamos podido vernos y explicarle mis intenciones.

Y aquí es donde aparece la suerte del viajero, que afortunadamente siempre que me pongo en marcha, hay algo que se activa en el universo que hace que sienta que estoy en el camino correcto. Deva, un señor de origen hindú que pasaba por allí con su coche, me vio sentado en la parada y me llamó, no estaba seguro de la razón, pero me hizo unos gestos y me acerqué a él, ya en la ventana de su coche me preguntó dónde iba, le comenté que dirección a Kuala Lumpur para allí cambiar de autobús con dirección a Lanchang y se ofreció para acercarme a la ciudad. No pude negarme, el autobús tardaría todavía alrededor de una hora y ya llevaba esperándolo otra.

Tras los saludos de rigor y cuando le detallé mi trayecto, me ofreció cambiar de itinerario y en vez de hacer todos los transbordos que le había explicado, me dejaría en la estación de trenes que estaba de camino y con ello me ahorraría bastante tiempo y algún dinero. La idea me pareció genial y cuando llegamos me di cuenta de que era la estación donde la primera noche había llegado y con un taxi desde allí, me había dirigido a Bamboo Village.

Efectivamente todo fue mucho más sencillo y sobre todo rápido, había calculado estar en el autobús a Lanchang sobre mediodía y en ese momento eran las 9.00h, así que llevaba un par o tres horas de adelanto sobre mis previsiones. A las 10h me subía al autobús y alrededor de las 12h estaba ya en Lanchang.

La finca en Lanchang

Nada más llegar llamé a Adnan, que al poco rato llegó con su coche para recogerme e ir directos a su finca. Che Nan Bamboo, la finca, es una combinación de granja de bambú y hotel de bungalows pero no de bambú, contradictoriamente, y no tan parecido a Bamboo Village como me habían dicho, aunque muy agradable y con más servicios para los clientes y voluntarios.

Ese mismo día, con poco que hacer y mi adaptación al lugar, Adnan me reservaba una sorpresa: iríamos a ver el santuario de elefantes de Kuala Gandah, cerca de su propiedad. A la vuelta pude ver como funciona el mercado de comida preparada, que coincidiendo con el Ramadán en estas fechas, abre solo por las tardes y mucha gente va a comprar la comida para cenar cuando caiga el sol.

Por un lado la granja son 100 acres (40 hectáreas) dedicados en su mayoría a la explotación del bambú, un verdadero paraíso para un oso panda que aquí no hay, y una pequeña industria alrededor, que él mismo Adnan a montado. El bambú es conocido como material de construcción, aunque en este caso solo sirve para completar grandes construcciones, ya que el que él ha plantado es delgado. El bambú también es conocido como alimento: los brotes, que son tiernos y jugosos y que aquí los preparan para embasar y vender.

Pero él además ha creado el carbón vegetal de bambú y el gel de carbón de bambú como una forma de aprovechar todo el material y ofrecer un producto de calidad que ya he probado y contrastado. La granja también tiene árboles de fruta Jack, mangos y palmeras para extraer el aceite de palma de sus frutos. Tanto el bambú como la fruta y la palma son ecológicos, no utiliza ningún tipo de químico ni pesticida y el gobierno se encarga de chequear que se mantenga así con pruebas periódicas. Los mangos, doy fe, son de los mejores que he probado hasta ahora en mi vida, muy feos por fuera, pero exquisitos por dentro, que es lo que se come.

Siete cabras, sesenta ovejas de Madagascar, seis vacas, un par de docenas de gallinas y gallos (algunos tailandeses y de pelea, aunque no los utiliza con ese fin, fueron un regalo), una treintena de gatos, dos iguanas, algunos conejos que son prácticamente salvajes y ahora Rantamplan, un perro callejero y encantador, que Gary y Joanna, voluntarios que conocí en Bamboo Village y me hicieron una visita, dejaron ya que partían hacia Londres y no podían llevárselo. Adnan decidió que se quedara allí y cuidarlo.