conferencia en La Plata
Conferencia en La Plata y cuarto aniversario del viaje en Buenos Aires
Una conferencia en La Plata sobre el viaje organizada por Natalia Zanetto. Mi vuelta a Buenos Aires donde celebraba el cuarto aniversario del viaje pillando un buen catarro y también conseguía mi nuevo pasaporte para seguir camino.

Conferencia en La Plata y cuarto aniversario del viaje en Buenos Aires

Una conferencia en La Plata sobre el viaje organizada por Natalia Zanetto. Mi vuelta a Buenos Aires donde celebraba el cuarto aniversario del viaje pillando un buen catarro y también conseguía mi nuevo pasaporte para seguir camino.
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Conferencia en La Plata

Cómo ya conté en el anterior artículo, tras pasar una noche al refugio de una gasolinera esperando que me llevase algún conductor hasta Buenos Aires, conseguí sobre las 6.30 que un camionero que había pasado la noche allí mismo me acercase hasta Campana. Desde esta pequeña población cercana a Buenos Aires podría, con un tren, llegar hasta la capital.

Finalmente fueron dos para llegar a la estación de Retiro. Durante el segundo trayecto llamé a Raúl para confirmar que podía ir a su casa como me había planteado cuando me despidió en Burzaco, antes de tomar rumbo a Rosario.

Lamentablemente, me dijo que no podía ser. Habían tenido un problema familiar con el rebelde hijo mayor de Erika, hijo de su anterior matrimonio, y me pidió que tratase de cambiar los planes. Inmediatamente me puse en contacto con Nico y me confirmó que podía ir a su casa. Pero antes debía de pasar por su trabajo a por las llaves.

Estación Retiro. Buenos Aires

Cuando llegué a la estación de Retiro, tomé la decisión de ir lo primero al consulado español ya que estaba a poca distancia. Al solicitar el pasaporte y según el resguardo que me dieron, a los 20 días lo tendría. Confié en ello. Exactamente estaba en el día 20, así que iba perfectamente coordinado.

Cargado con las mochilas me acerqué andando, para llevarme la sorpresa cuando estaba allí que debido a las recientes fechas del carnaval, se había retrasado. El funcionario me sugirió entrar en la web del Consulado en unos días, donde podría confirmar exactamente si estaba disponible o no. Algo enojado con la burocracia –y más con la caminata hecha con mucho calor y cansancio para nada- puse rumbo a la estación de Retiro de nuevo y al llegar allí decidí cambiar de planes.

Algo que estaba previsto era viajar a La Plata para una conferencia y sesión de DJ que Natalia me había organizado. La llamé, le propuse adelantar el viaje y después una conversación y varias dudas planteadas, decidió qué sí, que podía adelantar un par de días mi llegada.

Entre Buenos Aires y La Plata la distancia no es muy larga y los trenes funcionan perfectamente. Además de ser económicos. Estaba en Retiro y llegar a Constitución, desde donde salía, era fácil con la conexión de metro. A la hora que yo iba, eso sí, estaba a tope. Tras algo más algo más de dos horas de viaje, llegaba a la estación de La Plata y aunque creía que alguien estaría esperándome, no fue así. Comenzaba una pequeña aventura para moverme por la ciudad y encontrar donde tenía que ir.

La Plata. Fernando búscate la vida

Adelantar mi viaje hizo que Natalia no pudiese cambiar sus planes y por ello venir a buscarme, aunque eché de menos algo más de capacidad de improvisación. Por ello esperé en la entrada de la estación, hasta que pasado un buen rato y varias conversaciones con Natalia y Florinda –responsable de la Cátedra Aragón de la Universidad de la Plata y anfitriona de la conferencia- decidí que me movería por mi mismo. Sabía la calle donde tenía que ir porque a Natalia le había dado tiempo de decírmelo, antes de que mi móvil se quedase sin batería.

Vía WhatsApp me hizo llegar los datos y debió de pensar que por mi experiencia viajera me sabría desenvolver. Y aunque fue así, mejor hubiese sido con las indicaciones correctas. Este error de Natalia me hizo andar de más y tener que esperar de nuevo hasta encontrarnos.

Y con mi cuerpo exhausto después de haber hecho más de 12Km cargado con las mochilas entre la estación de Retiro, el consulado español y vuelta; el viaje y atravesar más de 15 manzanas en La Plata para llegar hasta casi donde debía de ir -sumado el viaje a dedo en el que no había podido descansar en la gasolinera-, mi cabeza era una caldera en ebullición a punto de explotar.

Aquí añadiré la anécdota de que esperando a Natalia y tratando de buscar una solución, entré en una pastelería para preguntar si podía cargar mi móvil, pero la intransigente dependienta me lo negó aduciendo que no tenía permiso ¿¡Permiso!?. Me quedé perplejo y me mordí la lengua para no soltarle el discurso que posiblemente no hubiese sido muy amistoso. La explosión estaba a punto de suceder, pero afortunadamente mantuve la calma.

Seguí buscando donde quedarme a esperar. Encontré una plaza –Plaza Güemes si no me equivoco- y me senté en un banco para pensar. Pregunté si había algún bar cercano donde ir al baño a una señora con su niño. No había ninguno. Apreté los dientes y se me ocurrió que con mi ordenador podría cargar el móvil. Cuando tuve la suficiente batería hice la llamada a Natalia y tras unas explicaciones rápidas me vinieron a buscar. La tienda de instrumentos estaba cerca, pero no era la dirección que me había dado. Se lo hice saber, ella aceptó y comprendió mi enfado, se disculpó y la paz se hizo entre nosotros.

Primera noche en La Plata

Además de la llamada de la naturaleza que me apremiaba hacía rato, necesitaba comer algo -no había podido hacerlo en todo el día y eran más de las cinco de la tarde-, pero antes debíamos de ir a saludar a Sergio, propietario de la tienda de instrumentos donde habíamos quedado. Natalia afortunadamente había comprado unos pastelitos –precisamente en la pastelería donde yo había preguntado por un enchufe- y junto con un café y unos refrescos que tenía Sergio, pude engañar al estómago por un rato más.

Ahora tocaba encontrar mi lugar para pasar los días que estaría en La Plata. Es casualidad que a los pocos días de volver a Buenos Aires y buscando un coche en el que dar mi siguiente paso en el país, Martín, un chico de La Plata, me ofreciese su casa para poder estar cuando quisiese. Ya era tarde.

Para esos días finalmente estuve en un hostel que Natalia me pagó y que esa misma noche buscamos. Lo encontramos y de paso cuando fuimos hacia allí, me compró un pedazo de pizza y así pude meterme algo más contundente al cuerpo. Pronto a dormir y a la mañana siguiente madrugar para ponerme en marcha y terminar de preparar la conferencia prevista para el día siguiente.

Conociendo La Plata

Desde pronto por la mañana Natalia se puso en contacto conmigo y me ofreció encontrarnos para comer. Vendría Chavela, Mauricio y Valentino, sus hijos, que salían de la escuela y yo tenía ganas de saludarlos y conocerlos.

Pero de nuevo Natalia me hizo una de las suyas con las indicaciones para llegar al restaurante. Así mismo no estaba lejos de donde tenía que ir. Yo tampoco llevaba la mochila y mi teléfono estaba a tope de batería, por lo que simplemente me dio para hacer unas bromas con ella sobre su sentido de la orientación. También para advertirle que en el mundo de la organización de eventos, estos fallos no los puede tener, ya que generan descontrol y pueden condicionar el buen resultado final.

Comimos en la terraza de un restaurante. Después nos fuimos a conocer un poco la ciudad y visitamos el Centro Cultural Pasaje Dardo Rocha.

Más tarde fuimos a su casa. Yo prepararía una cena a base de…. exacto: tortillas de patatas. Que de nuevo gustaron y me hicieron quedar bien.