Serbia
La Vuelta al Mundo Sin Prisas

La Vuelta al Mundo Sin Prisas en Serbia

Serbia y concretamente Užice. Una ciudad pequeña, pero que cuenta con la primera central eléctrica que montó Nicola Tesla en Europa. Y todavía funciona.

La Vuelta al Mundo Sin Prisas en Serbia

Serbia y concretamente Užice. Una ciudad pequeña, pero que cuenta con la primera central eléctrica que montó Nicola Tesla en Europa. Y todavía funciona.
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La Vuelta al Mundo Sin Prisas en Serbia

Serbia. Tras el paso por Sarajevo, una joya de Los Balcanes me dirigí a Serbia, y concretamente a Užice. Una ciudad muy cercana a la frontera Bosnia, desde donde avanzaría hacia otros países del sur de Los Balcanes. Belgrado su capital queda para otra visita a esta zona de Europa.

Užice llegué en bus. Continuaban los problemas para poder utilizar el tren, que como ya he comentado en otros artículos, me parece el medio de transporte más cómodo para ir sin prisas. De todas formas el viaje, que realicé de día, fue tranquilo y entretenido. El paisaje ofrecía unas vistas increíbles y preciosas.

El voluntariado en Serbia

En mis planes iniciales durante mi visita a Serbia, tenía previsto trabajar como voluntario a través de Workaway. Había mantenido un contacto por correo electrónico con los propietarios del hostel Eco Hostel Republik que se anunciaban solicitando voluntarios.

En principio no tenía nada asegurado, aunque me dijeron que fuese, así hablaríamos en persona y veríamos las opciones.

Al llegar a Užice me dirigí directamente al hostel. Tuve que hacer varias paradas desde la estación de autobuses para orientarme y de nuevo comprobé la hospitalidad de los eslavos: amables y serviciales.

Por fin cuando encontré el edificio donde se ubicaba el hostel me atendió Irena, que trabaja en la recepción. Ella no me esperaba y puso cara de sorpresa cuando le expliqué el porqué de mi presencia. Para salir de dudas decidió hacer una llamada a Marko que además de su pareja, es uno de los socios del hostel.

No hago el voluntariado, pero si nuevos amigos

Yo creía que era él quien me había citado, ya que quien se mantuvo en contacto conmigo lo hacía en su nombre. Sin embargo Marko no tenía ni idea de lo que le hablaba, aunque si que es cierto que el último mail con indicaciones para llegar hasta el hostel lo escribió él, creyendo que era simplemente un cliente.

Su reacción al saber el porque me encontraba allí fue de lo más razonable y amable. Me ofreció que de los dos días que tenía programados quedarme, solo abonase uno. El otro corría por cuenta de la casa, como compensación por el mal entendido. También me explico que no necesitaban mi ayuda ya que tenían un voluntario. Pavel, un ruso, era suficiente para atender las necesidades del hostel en ese momento.

Enseguida se genero confianza y buen rollo y por ello me ofrecí a preparar mi tortilla de patatas para comer ese día, aceptaron y cumplí mi reto del viaje.

Durante los dos días que me quede allí, además, pude realizar otras recetas para que probasen la cocina española y sobre todo mi cocina. Yo me quedé satisfecho y ellos también. Tengo que decir que el hostel es cómodo, limpio, céntrico, con una cocina muy apañada. Y el personal que lo dirige y al que pude conocer, atento y siempre dispuesto. Gracias Marko, Irena Pabel por esos dos días.

Algo de turismo

Por supuesto durante mi estancia en la ciudad quería conocer algunos de sus rincones y algunas zonas que estuviesen cercanas.

Marko me recomendó que fuese a ver el Memorial Complex Kadinjača. Un monumento que rendía homenaje a los soldados yugoslavos, a los partisanos (de los que Tito era su lider) y a la breve República de Uzice, sufridores del azote nazi y que lucharon contra la 342ª división de infantería alemana en la 2ª Guerra Mundial.

Allí me esperaba Mladen un amigo personal de Marko guía del complejo y que iba a enseñarme y explicarme lo que iba a ver tanto en el complejo, como en el museo adyacente. Como soy un amante de la historia me encantó la visita. Pude conocer muchos más detalles de ese oscuro episodio de Europa y como afectó a Yugoslavia.

El museo también tiene dedicada una sala a la última guerra de Los Balcanes, menos acondicionada, en la que Serbia cumplió un papel terrorífico. Tanto Marko como Mladen sabían de mi interés por esta parte de la historia, así que para que pudiese conocerla mejor, cuando llegué al hostel, Marko me invitó a ver el documental que sigue y que os recomiendo que veáis.

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Realmente me abrió los ojos y conocí un poco mejor la verdadera historia que no nos han contado desde los medios de comunicación, siempre manipulados por intereses políticos. El documental es lo suficientemente objetivo para creerlo y entender mejor el detonante de la guerra.

Visitando la planta eléctrica de Nicola Tesla

También tuve la oportunidad de ver algo más de historia de la humanidad. En Užice, y en este caso me alegró especialmente, estuve visitando la planta eléctrica de Nicola Tesla en la ciudad.

Nicola Tesla es uno de los inventores más increíbles y por otro lado olvidados de la historia de la civilación.

Serbia
Imagen de Nicola Tesla

Resulta que en Užice se montó la segunda planta de energía hidroeléctrica del mundo a finales del siglo XIX, tras la de las cataratas del Niagara. Fue la primera de Europa. Un invento de Nicola Tesla que se basaba en los principios de la corriente alterna que él había descubierto.

Todavía hoy se mantiene en funcionamiento y en perfectas condiciones. Precisamente durante la guerra de Los Balcanes, cuando las bombas aliadas caían sobre la ciudad y la apagaban, gracias a esta planta el hospital pudo seguir en funcionamiento y la población tener luz en sus casas.

El último día en Serbia

Cuando pensaba que tenía que quedarme un día más para poder viajar a Montenegro -ante la imposibilidad de encontrar un medio de transporte-, Marko me comentó que era posible viajar en tren desde Užice a Bar, en un tren nocturno. Lento e incomodo. Partía de Belgrado y posiblemente iría lleno, como finalmente confirmé buscando una plaza que ocupar, aunque el viaje lo pude hacer.

La mayor parte del trayecto la pasé en el vagón bar, donde había unos chicos jóvenes que no dejaron de dar la lata. Más tarde, busqué de nuevo un sitio donde apalancarme y lo encontré. Viajé retorcido en el asiento tratando de dormir. Lo hice a ratos y cuando amanecía me sentí como si hubiese estado toda la noche acarreando sacos de patatas.

Aunque el viaje fue incomodo, llegué a Montenegro, que era la idea. Y esta será la historia de mi próximo artículo. Hasta entonces…

¡Pura Vida!

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