Frontera Argentina
Argentina: Cruzando la primera frontera por tierra en América
Y ahí estábamos, a pocos kilómetros de la frontera argentina y sin poder llegar. Una cola con cientos de coches, camiones y autobuses esperando, al igual que nosotros, a que abriesen el lado argentino que, debido a unas inundaciones en la provincia de Mendoza, se había cerrado el día anterior.

Argentina: Cruzando la primera frontera por tierra en América

Y ahí estábamos, a pocos kilómetros de la frontera argentina y sin poder llegar. Una cola con cientos de coches, camiones y autobuses esperando, al igual que nosotros, a que abriesen el lado argentino que, debido a unas inundaciones en la provincia de Mendoza, se había cerrado el día anterior.
Frontera Argentina

Argentina: Cruzando la primera frontera por tierra en América

Y ahí estábamos, a pocos kilómetros de la frontera argentina y sin poder llegar. Una cola con cientos de coches, camiones y autobuses esperando, al igual que nosotros, a que abrieran el lado argentino que, debido a unas inundaciones en la provincia de Mendoza, se había cerrado el día anterior.

Para Dominic no era posible estar conmigo durante el tiempo que fuera necesaria la espera, ya que tenía que volver a Santiago y un trecho que recorrer por delante. ¿Podría hacer dedo allí directamente preguntando a los camioneros o coches y probar suerte de que alguno me quisiese llevar?

Emilio quien había llegado antes que nosotros y conducía un microbús nos explicó el motivo del cierre de la frontera y nos sugirió a Dominic y a mi como intentar pasar y no tener que esperar allí hasta que decidiesen abrir el paso Los Libertadores -Cristo Redentor en la parte argentina-, ya que nadie sabía cuándo lo harían. La cosa parecía sencilla, pero teníamos que convencer al incorruptible cuerpo de carabineros que habían instalado un control a unos pocos kilómetros de donde nos encontrábamos.

Probando suerte

Tras la conversación con Emilio, decidí andar carretera arriba y preguntar primero a los camioneros. El camino era duro, ya que además de estar en cuesta, el calor era sofocante a esa hora de la mañana. Probé con el primer camión y me dijo que no podía, ya que su jefe conducía otro que se encontraba más adelante y lo tenían prohibido. Viendo el panorama que me quedaba por delante y que el próximo camión se encontraba alejado -y posiblemente sería el jefe- decidí volver sobre mis pasos al coche de Dominic.

En este camino vi una auto-caravana y un chico joven dentro de ella. No le pregunté en ese momento. Seguí hasta donde estaba Dominic para contarle el trecho que había hecho, la negativa de mi primer intento y lo que tendría que haber andado para llegar al próximo camión. Decidimos que me llevaría en coche. Fue entonces cuando al pasar al lado de la auto-caravana vi al muchacho fuera y le pregunté si él me podría llevar. Aceptó.

Kevin, español también, viaja desde hace 4 años entre Argentina y Chile. Va acompañado por Cristina su pareja, también española. Ambos profesores y con un proyecto exquisito llamado De Rumbo al Cambio. En el viaje me explicaron de qué se trataba su interesante proyecto y tú lo puedes ver pinchando en el link anterior.

Teniendo transporte para seguir camino, Dominic y yo decidimos igualmente ir a ver a los carabineros y preguntar si podríamos pasar con la auto-caravana. Pondríamos como argumento que nos quedaríamos en una zona donde se puede aparcar y allí esperar a que abriesen. Con amabilidad y con firmeza el agente nos dijo que no era posible. Insistimos un par de veces más y la respuesta fue la misma. Volvimos sobre nuestros pasos, cambié las mochilas de vehículo y nos despedimos. Teníamos que esperar a la apertura que nos habían dicho no tardarían mucho.

Cruzando la primera frontera por tierra en América

La espera, efectivamente, no se alargó mucho más. Cristina había preparado una comida a base de pasta y una ensalada y Kevin tuvo que comerla casi conduciendo ya que la fila de coches que nos precedía arrancó y los que nos seguían comenzaron a adelantarnos. En el camino nos encontramos con una pareja y su niño que se habían quedado sin batería durante el atasco.

Personalmente me sorprendió que habiendo estado rodeado de coches ninguno hubiese accedido a ayudarle. Más cuando nosotros, estando parados allí tratando de ayudarles, intentamos que alguien parase y nadie lo hizo. No vimos mucha solidaridad entre los conductores. El único que paró y me escuchó, venía de vuelta diciendo que había perdido a la familia y que primero tenía que encontrarla para poder seguir camino. Este señor a su vuelta con su familia rescatada, sí que nos preguntó si seguíamos necesitando su ayuda.

Y de hecho casi la necesitamos, tanto para la familia a la que estábamos ayudando como para nosotros, ya que la auto-caravana, al tratar de arrancarla para pasarle al otro coche la energía, no lo hacía. Kevin lo intentó varias veces antes de conseguirlo. Ya nos mirábamos arrepintiendonos de haber sido solidarios, pero finalmente todos seguimos camino sin más contratiempos.

Los impresionantes Andes

Para el que no ha visto nunca la cordillera de Los Andes, como me pasaba a mi, la primera visión es impresionante. En esta época del año no está nevada –verano austral-, pero la roca desnuda impresiona igualmente. No dejé de hacer fotos durante todo el camino sorprendido con los colores y las inmensas paredes de roca. El fresco se empezó a notar con el ascenso por una carretera sinuosa y desde la cual vas viendo la dimensión del valle por el que has pasado y queda atrás.

La caravana de coches, camiones y autobuses que nos precedía y seguía parecía una oruga inmensa de colores y tamaños distintos y que hasta la llegada al punto más alto por donde pasaba la calzada no dejó de avanzar. Justo antes de cruzar el punto por donde Chile se despide de los viajeros nosotros hicimos una parada.

Kevin no quería que les ocurriese lo mismo que la última vez que hicieron el camino y tener los papeles del vehículo en regla, de lo contrario en la frontera argentina podían hacernos volver para poner todo en orden. No tardó mucho en regresar. Al parecer todo estaba correcto. Fue un buen momento para estirar las piernas y respirar el aire puro de la montaña.

Seguimos adelante sin pausas hasta que a la llegada de los túneles tuvimos que hacer una nueva parada, esta vez obligados, ya que la fila se encontraba de nuevo atascada. Tras media hora allí, de nuevo nos pusimos en marcha. Los Andes seguían sorprendiendo por su majestuosidad. La zona argentina cambiaba totalmente y las montañas mostraban una ligera capa vegetal que en la zona chilena no se veía.

Abandonamos Chile y entramos en Argentina

Hasta la llegada al control de pasaportes todo fue bien para los que veníamos de Chile, pero no para los que venían de Argentina que estaban bloqueados y esperando a poder avanzar con una cola de varios kilómetros delante de ellos.