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La Vuelta al Mundo Sin Prisas
Periplo en China IX: ¿Me quedaré en tierra de nadie o cruzaré a Vietnam?
En la frontera china ¿Cruzaré a Vietnam?. Un error cuando hice la solicitud de la visa para Vietnam en Guangzhou, me tuvo en vilo un par de días. Tuve que improvisar el viaje y me acababa de quedar sin fondos. ¿Qué pasaría? ¿podría cruzar la frontera o me quedaría en tierra de nadie?

Periplo en China IX: ¿Me quedaré en tierra de nadie o cruzaré a Vietnam?

En la frontera china ¿Cruzaré a Vietnam?. Un error cuando hice la solicitud de la visa para Vietnam en Guangzhou, me tuvo en vilo un par de días. Tuve que improvisar el viaje y me acababa de quedar sin fondos. ¿Qué pasaría? ¿podría cruzar la frontera o me quedaría en tierra de nadie?
en la frontera china

Más de 1.000 km. Más de 30 horas viajando: 1 coche, 2 trenes, 4 autobuses (2 de largo recorrido y 2 interurbanos), 3 taxis. 1 frontera, 2 países, bastantes nervios y un montón de gente. Estás son las cifras de mi viaje de Dongguan a Hanoi en dos etapas y donde termino mi periplo en China. Y con la duda de si me quedaría en tierra de nadie, o cruzaría a Vietnam.

El comienzo: un error de principiante

Debido a un exceso de confianza me equivoqué en el cálculo de mis días en China. Tenía el visado para 90 días y cuando saqué el de Vietnam lo pedí para el 9 de enero porque el 9 de octubre entré por Kashgar -en el oeste de China, entrando desde Kirguistán-, sin embargo no caí en la cuenta de que octubre y diciembre son meses de 31 días y ese pequeño desliz, me podía costar bastante caro.

El hecho de estar a un día de mi finalización de visado en China y a dos para entrar en Vietnam me ponía algo nervioso, pero lo llevaba bien y mantenía la calma. Hasta no llegar a la frontera y hablar con las autoridades chinas, no sabía qué consecuencias tendría cruzarla tarde o si podría hacer algo para arreglarlo.

Nanning

El primer paso fue llegar hasta Nanning, que está a poco más de 600 km de Dongguan, con la idea de esperar allí, en un hostel durante dos días, hasta el día que tenía autorización para entrar en Vietnam. El viaje entre Dongguan y Nanning fue nocturno y tuve litera para relajarme, descansar y llegar con fuerzas. Y menos mal, porque conforme avanzaron los acontecimientos las necesité todas, todo el rato.

El hostel también lo tenía reservado, pero ahora tenía que encontrarlo. Sabía el autobús que me llevaba, pero tras dar unas vueltas y no encontrar la parada, le pregunté a una chica que me invitó a acompañarla. “No está muy lejos de la estación” me dijo, pero tuvimos que andar un buen trecho y yo iba cargado con mis mochilas. Dimos alguna vuelta de más y cuando decidió que mejor lo encontraríamos con ayuda, paró un motocarro que funciona como un taxi y le indicó la dirección.

El taxista parecía que tampoco lo tenía muy claro, pero durante el avance con ellos dos comentando la posible dirección, de repente mi guía improvisada hizo que parase y me indicó con el dedo que el hostel estaba justo enfrente. Nos despedimos y ella siguió camino.

En el hostel de Nanning

Era temprano, el tren llegó alrededor de las 8 de la mañana, así que en el hostel esperaba que me diesen la habitación cuanto antes. Tenía ganas de ducharme y cambiarme de ropa. La chica que me atendió en la recepción me entregó la llave nada más llegar y pude cumplir mis deseos. Tras la ducha fui a pedir un café para comenzar la mañana. Quería trabajar con el blog y después salir a dar una vuelta y conocer algo de la ciudad.

Sin embargo cuando la recepcionista estaba sirviéndome el café me dijo que tenía un problema, yo pregunté cual y ella me contestó que era mi pasaporte: tenía una reserva hecha para dos días y sin embargo mi permiso en el país caducaba ese día. Yo le contesté que el problema era pequeño y yo lo solucionaría al salir del país con las autoridades. Me hizo un gesto con la cabeza como diciendo, tú sabrás y me dejó con mi café. Junto a mi estaba Huan un cliente chino del hostel que me comentó que si quería al día siguiente podíamos ir juntos, ya que tenía intención de cruzar a Vietnam. Le dije que lo pensaría y ahí quedó todo.

Aprovechando que me quedaba dos días en Nanning, pedí por el servicio de lavandería para poner mis cosas con tiempo, me entregó el jabón de la lavadora por 1 RMB y me dijo que el uso de la máquina era gratis. Fui a poner mi ropa a lavar, pero estaba funcionando con la de otro cliente, así que tenía que esperar.

En ese intervalo de tiempo llegó la propietaria del hostel, que cuando me vio, volvió a repetirme que tenía un problema con el pasaporte, a lo que le contesté lo mismo que a su empleada. Pero ella sí que insistió y me dijo que no podía tenerme allí hospedado. Su ordenador está conectado con la policía, que tiene un control sobre los pasaportes y, por ello, sabían que me caducaba el visado. Así que mi problema, se transformaba en nuestro -por hospedar a un extranjero en situación irregular y más, sabiéndolo-. A mi me podrían detener. A ella, multar y abrir expediente.

Primera solución a mi problema de visado

Me dio una solución, cruzar la frontera y pagar un visado en Vietnam, que me saldría más barato que la multa de su gobierno. Me dijo que alrededor de 300 RMB el visado nuevo y 1.000 RMB la multa, a 500 por día -algo que yo ya sabía-. Evidentemente era mucho mejor la primera opción. Había autobuses que salían desde Nanning directos hasta Hanoi y que partían desde dos estaciones: la que yo había llegado -que además del ferrocarril también es de autobuses- y otra a las afueras de la ciudad.

Los autobuses de la primera estaban completos, en la segunda encontraría plazas, lo habían confirmado por teléfono, pero no la podía reservar. Esto ocurría sobre las 10.30 o 11h de la mañana, así que tenía el tiempo justo para recoger todo de nuevo y salir pitando hasta la estación de autobuses con uno de línea. Afortunadamente no puse a lavar mis cosas, si no hubiese tenido un pequeño problema de tiempo y de transporte con mi ropa mojada.

Mi reserva estaba pagada y normalmente en los hosteles no te devuelven el dinero si no has cancelado con antelación, le pregunté a la dueña y efectivamente, eran normas de la casa. Me fastidió, pero lo sabía y me lo esperaba, así que poco pude hacer. Antes de acabar de montar de nuevo la mochila, apareció por mi habitación para interesarse por mi presupuesto, le conté y me dijo que con lo que le estaba enseñando no me alcanzaba para cruzar la frontera y llegar hasta Hanoi, si tenía que pagar o la multa o el nuevo visado, así que me acerqué a un banco cercano y pude sacar algo más de dinero: 200 RMB. Cuando entregué la llave de la habitación, la chica de la recepción me dio el depósito que había dejado y para mi sorpresa, también me devolvió lo que había pagado. Les agradecí el enorme detalle que estaban teniendo conmigo y me despedí. Ellas me desearon suerte.

Camino a Vietnam

La parada del autobús de línea, para llegar hasta la terminal de autobuses, estaba en la misma puerta del hostel pero, necesitaba algo más de 1 hora para cruzar la ciudad. Iba con el tiempo realmente justo. No tenía muy claro si el autobús salía a las 13h o media hora más tarde. Con las prisas y los nervios lo había olvidado. Esto me mantuvo en tensión durante todo el trayecto y el tiempo corría muy deprisa, aumentando mi ansiedad, aunque, después de tantos kilómetros y tantas horas viajando solo en autobús y tren, he aprendido a controlarla mejor y traté de mantener la calma. No podía hacer mucho más.

Al llegar a mi parada, me encontré en una zona urbanizada, pero ni rastro de la estación alrededor. Me acerque a algunas personas a preguntar y nadie supo decirme nada. Avancé confiando en la intuición y de nuevo no me falló: estaba en una terminal de autobuses, pero ninguno tenía pinta de hacer largas distancias. Volví sobre mis pasos y pregunté a uno de los guardias de la entrada por la estación de autobuses internacional: “gira a la derecha y todo recto”, me hizo gesticulando con la mano, le agradecí la ayuda y seguí sus indicaciones. Efectivamente, ahí estaba, apenas se ve, pero existe. Ahora tenía que buscar las taquillas y confirmar que el último autobús todavía no había salido.

Pingxiang

Llegué con el tiempo suficiente. La opción de llegar a Hanoi directamente no me convenía, tenía que arreglar mi visado antes de cruzar la frontera, así que compré el billete hasta Pingxiang, la última ciudad antes de cruzar a Vietnam, a unos 10Km. Pagué cerca de los 75 RMB por el trayecto. Ya algo más relajado solo quedaba esperar y aprovechar para fumar un pitillo y comprar fruta fresca en uno de los múltiples puestos que hay en la terminal. Me vendría bien para el viaje y recuperar las fuerzas.

Desde Nanning a Pingxiang fueron unas 3 horas largas en el autobús, con la suerte que viajaba en el piso de arriba y me había tocado el asiento en la primera fila. Podía disfrutar esas últimas horas en China con la pantalla gigante del parabrisas y ver delante de mí, el espectacular paisaje montañoso de la zona.

Con el presupuesto tan ajustado, cualquier detalle era importante así que en la parada a mitad de camino, pregunté a uno de los viajeros si el autobús llegaba hasta la misma frontera, me aseguró que sí… pero se equivocó, me dejó en la terminal de autobuses de Pingxiang y desde allí tuve que finalmente gastar algo de mi efectivo en un taxi, que no me venía nada bien.

Regatee todo lo que pude, pero no conseguí bajar de los 30 RMB. Demasiado para los kilómetros a recorrer, pero no tenía más remedio que aceptar. Ningún otro taxista quiso bajar el precio y finalmente me decidí por la mujer, que fue la primera en ofrecérmelo. Eran alrededor de las 17h cuando llegué a la puerta de la frontera, iba bien de tiempo para intentar cruzarla.

La frontera chino-vietnamita

Tras cruzar una primera puerta, avancé por un corredor terminando en Youyi Guan, conocida como la puerta de la amistad. A pocos metros llegué a la altura del primer policía que me indicó que continuase adelante. Entré en el edificio de control de pasaportes y cuando llegó mi turno y el policía comprobó ambos visados, le cambió la cara.

Se me quedó mirando y me pregunto que hacía allí si todavía no podía cruzar a Vietnam hasta pasados dos días, cuando intenté explicarle cogió el teléfono e hizo una llamada a otro oficial que vino a recogerme. Este me invitó a acompañarlo a una zona con asientos, descargue mis mochilas, comencé con mi explicación y la acompañé de la carta que John y Dumpling -mis anfitriones en Dongguan- habían traducido al chino para mí, pensando en este momento. Se unió otro policía y a ambos el escrito les hizo mucha gracia, lo que facilitó explicar todo lo demás y que se generase más confianza.

Solución definitiva a mi problema de visado

El segundo policía, me ofreció dos alternativas: o bien volvía a Pingxiang y esperaba en un hotel hasta el día 9 -que descarté por todo lo que conllevaba de gastos y la posible multa que tenía- o bien él se ofrecía como mediador con las autoridades vietnamitas e intentaba conseguir un cambio de fecha en mi visado.

A la primera le dije que prefería no hacerlo por mi falta de presupuesto y lo de la multa les sorprendió -no tenían conocimiento de esa norma-. La segunda me parecía la solución si quería hacerme el favor. Pero aún así yo les ofrecí la tercera: quedarme en tierra de nadie con mi tienda de campaña y esperar esos dos días. Evidentemente la descartaron de inmediato y uno de ellos decidió intentar negociar por mi con sus colegas del otro lado.

Me quedé esperando en el edificio, aunque me permitieron salir a fumar un cigarro y echar unas fotos del paisaje que se veía desde allí. Mientras ellos se movieron en un coche eléctrico hasta el edificio fronterizo de Vietnam. Volvieron a los 15-20 minutos y nada más encontrarse conmigo uno de ellos me dijo: “you are a lucky man! (¡eres un tipo con suerte!)”. Tenía vía libre y en Vietnam me estaban esperando.

Me despedí de ambos, les di las gracias por su ayuda y comprensión, y me fui realmente agradecido de otra experiencia con la policía china que siempre que la he necesitado han puesto todos los medios a su alcance para ayudarme.

Estoy en Vietnam

En el edificio de entrada a Vietnam, efectivamente, cuando me tocó el turno para chequear mi pasaporte y antes de comenzar con la explicación, el oficial recibió una llamada que le autorizó a cambiarme la fecha de entrada y de salida y adelantarla los dos días que necesitaba. Además sin la penalización económica que creía debía pagar. Me preguntó a dónde me dirigía y cuando le dije que iba a Hanoi, me presentó a una chica que había allí, amiga suya, que en 30 minutos tenía un autobús que salía con dirección a la capital vietnamita.

Al final todo fue mucho más fácil de lo que pensé en un momento. Volví a confirmar que no merece la pena preocuparse por algo que no ha pasado y que mi convicción de que el mundo está lleno de buena gente, no es un error.

La siguiente historia será sobre mi viaje y toma de contacto con Hanoi donde me esperaba Noé, la chica francesa voluntaria que conocí en Huangshan y Binh, propietario de la academia de inglés, que me había invitado a estar con ellos un tiempo.

Hasta entonces y como siempre…

¡Pura Vida!

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